Sanando al niño interior

sanando al niño interior

En todos nosotros hay un niño que sufre. En lo que leerás en este post no me estoy refiriendo a la herida primaria que todos sentimos en el momento del nacimiento (eso da para otro post). Me referiré exclusivamente a la huella que ha quedado en nosotros de formas de criar poco conscientes, en las que los castigos, las broncas, los comentarios desafortunados y las ausencias han empequeñecido y ahogado lentamente nuestro potencial luminoso.

Cuando crecemos, ese niño que fuimos viene con nosotros, siente y ve aunque no sospechemos de su existencia. Al entrar en contacto con cualquier tipo de sufrimiento, su dolor se activa, e intentamos olvidarlo relegándolo a ese agujero negro que es el inconsciente, porque afrontarlo nos parece una carga insoportable.

La mayor parte de los problemas que acarreamos cuando nos emparejamos (te enlazo un post aquí sobre ello), vienen del dolor de nuestro niño interior, al igual que la mayor parte de las dificultades a las que nos enfrentamos desde que somos padres. Porque ahí entramos de lleno en el escenario más evocador de nuestra propia infancia, y por ende de nuestras propias carencias, que se revelan desnudas y abiertas para ser miradas. Nuestros hijos reactivan a nuestro niño interior, por eso la crianza es, en parte, tan intensa. Un regalo de la vida, no cabe duda, ante el que solemos tener dos opciones:

  • Desoír a nuestro niño, sepultando nuestra intuición y actuando conforme a los viejos patrones aprendidos.
  • Aprovechar la oportunidad de crecimiento, envuelta en incomodidad y resistencias, para sanarnos.

La segunda opción es, para mí, la única manera de criar a nuestros hijos como adultos emocionalmente equilibrados que son verdadero sostén.

Cómo sanamos a nuestro niño interior

Antes de nada, debemos saber qué es lo que necesita, y si tenemos hijos nos resultará conocido: necesita cuidado, presencia, amor y compasión. Es fascinante, porque cuando le damos lo que nos pide, automáticamente pasamos a entender y compadecer a los demás. Y es una manera consciente y hermosa de abandonar los juicios que nos separan.

Te voy a contar lo que a mí me ha funcionado, y que puede que a ti también, así que toma nota y quédate con lo que resuene contigo:

  1. Lo primero de todo es tenerlo presente, ser conscientes de que portamos en nuestro interior al niño pequeño y vulnerable qe un día fuimos. A partir de ahí, te invito a que pruebes a hablarle, a consolarlo, a abrazarlo, a mimarlo, a llevártelo a lugares bonitos, a comprarle/te algo que sepas que le gusta.
  2. Escribirle una carta. La escritura tiene un potente poder terapéutico, así que te animo a que le escribas una carta en la que le digas que eres consciente de lo que ha sufrido pero que de ahora en adelante tendrá a alguien que lo cuidará y lo apoyará incondicionalmente. En otro post te enseñaré un ejemplo que te puede guiar.
  3. Haz una meditación en la que te visualices a ti mismo como el niño pequeño que eras, sonríele y dale un abrazo desde el adulto que eres hoy. Es posible que te den ganas de llorar en medio de la meditación. No te preocupes, llora y libera esa carga, es de lo que se trata.
  4. Haz una lista con las creencias negativas que te inocularon siendo niño (eres un egoísta, un torpe, un pesado, no sirves para dibujar/cocinar/hacer música/bailar/estudiar/las matemáticas….). Entiende que son solo creencias, que no eres tú, y transfórmalas en afirmaciones positivas (me amo y me cuido, tengo muchas habilidades, soy tenaz, tengo capacidad para aprender lo que quiera…).
  5. , para tus hijos, el padre/madre que a ti te hubiera gustado tener. Sin miedo a los juicios y a los paradigmas que hayas seguido hasta ahora.

Es posible que te sientas ridículo en alguna de estas prácticas. No importa, hazlas de todos modos. Solo son resistencias mentales.

También es probable que empieces a ver a los demás como niños pequeños que albergan un gran sufrimiento, y entonces experimentarás una compasión maravillosa, con gran poder para sanar.

Parte de estas ideas han llegado a mí de manera intuitiva. Otras las he leído, oído y practicado, en parte en un librito del que te dejo esta cita y te enlazo abajo.

“Si no somos capaces de transformar el sufrimiento que hay en nosotros, se los transmitiremos a nuestros hijos. Todo padre, toda madre, ha sido un niño o una niña de 5 años, frágil, vulnerable”

Thich Nhat Hanh, El arte de sanar a tu niño interior

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