Sanando el yo femenino

sanando el yo femenino

“El día que la ciencia se dedique a estudiar los fenómenos no-físicos de la naturaleza, hará más progreso en unas semanas que en toda su historia”

Es curioso que empiece este post mencionando a Nikola Tesla, pero es necesario para que se entienda de manera abierta lo que quiero expresar.

Entendiendo la herencia transgeneracional

Tanto Tesla como W.Reich demostraron a principios del siglo XX que todo en el universo está formado por energía e interconectado. Este hecho apenas ha tenido alcance en nuestras vidas, y menos aún en nuestras mentes, que siguen moviéndose en un mundo que considera que prácticamente la materia lo es todo (lógica heredada de Newton).

Desde esta perspectiva, no existiría solo una herencia o legado material, sino también inmaterial. Quiero decir con esto que, igual que hay una herencia política, social o cultural, también la hay energética. En psicología, y más en concreto en las escuelas de descodificación biológica, se habla de carga transgeneracional. A nivel individual, esto quiere decir que no solo heredamos el aspecto físico de nuestros ancestros, sino también su sentir.

Y a nivel colectivo también sucede, también hay una herencia transgeneracional como nación, como raza o como sexo.

Las mujeres acumulamos una importante carga de dolor por los agravios que se llevan cometido hacia nosotras durante los milenios de dominación patriarcal. Es por eso que, cada vez que asistimos a una injusticia de esta naturaleza, se nos activa ese dolor transgeneracional con el que cargamos.

Sanando nuestra herencia

A pesar de ello, también tenemos ventajas envidiables para trascenderlo, y es que estamos más conectadas a nuestro cuerpo y somos menos mentales y más intuitivas. Esto puedo haber sido motivo de desvalorización en otras épocas, en que la mente se consideraba algo superior y alejada de los instintos carnales (un tanto para los hombres), pero no hoy, cuando se sabe de la importancia de la intuición y de la existencia de actividad neuronal en el corazón.

En base a todo esto, mi propuesta es:

  1. Poner consciencia a partir de nuestro cuerpo, sintiéndolo, reconociendo su carácter cíclico y observándolo con actitud alerta ante cualquier manifestación de dolor o ira. Y digo sentir, aceptar, observar, no negar o reprimir.
  2. Dejar atrás el papel de VÍCTIMAS, porque desde esa posición  no hay lugar a la acción, solo a la sumisión. Centrarnos en el momento presente y desintoxicarnos por un tiempo, si fuera necesario, de los mass media.
  3. Dejar de ver las relaciones entre los sexos como una guerra. Esto es muy importante si tenemos en cuenta que la mente crea la realidad. Solo con pensar algo, ya lo dotamos de entidad, le damos consistencia, lo fortalecemos. John Archibald Wheeler nos dice que la física cuántica pone de manifiesto que creamos la realidad a través de nuestras percepciones.

Sería algo así como dejar de enfrentarnos. Y esto no debe ser interpretado como no hacer nada o ser cómplices de cualquier injusticia, sino más bien ir por un camino paralelo pero avanzando más rápido. No ver a los hombres como enemigos. Reconciliarnos con ellos ya que, en esencia, somos lo mismo. Al final, lo digo siempre, culpar, juzgar, odiar a un hombre que ha abusado de su condición es caer en la misma energía que él ha usado en su abuso. Y entonces el círculo no tiene fin.

¿Lo sentís de esta manera?

Os dejo con B.H.Lipton y Steve Bhaerman:

“La vida es un viaje cooperativo entre individuos poderosos que pueden programarse a sí mismos para crear existencias llenas de alegría”

Y Charo Pita (el original está en gallego):

“No lo odies, Govinda,

tampoco lo desprecies.

A pesar de la Historia

yo no sé odiarlo,

tampoco despreciarlo.

La Historia

¿fue?

y si fue,

¿quién contó los abrazos?

Nosotras

somos

ahora.

Infectadas de orgullo

cómo podríamos decir:

“ser mujer es más glorioso que ser hombre”.

¿Qué es ser mujer?

¿Qué es ser hombre?

¿Dónde acaba él y empiezas tú?

¿Dónde nos duele?

¿En qué territorio?

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