¿Por qué celebrar el solsticio?

¿Por qué celebrar el solsticio?

 Todo lo que vive es sagrado

Por qué ritualizar la vida

Estamos necesitados de símbolos que nos conecten a los centros superiores de saber. Símbolos, mitos, arquetipos, con los que identificarnos y comprender internamente. Me niego a dejarme aplastar por el fin de la historia de Fukuyama, y en general por cualquier teleología.

Quiero de nuevo los rituales. Nos debemos esa conexión con la madre Tierra, Gaia, ese poderoso organismo vivo que somos nosotros y todo lo que vive en ella.

Creo firmemente en que nuestra misión es ampliar la consciencia, traer de vuelta la espiritualidad a lo cotidiano y acercarnos sin temor a los mundos invisibles.

Por eso te invito a abandonar vergüenzas y celebrar con lo que sea que conectes. No importan tus creencias o tradiciones, importa la intención genuina de conectar la parte más sagrada que hay en nosotros con lo sagrado invisible que hay en los demás y en la naturaleza.

Y los rituales, además de la meditación, el ejercicio, la alimentación consciente, la respiración profunda, la apertura mental, el abrazo de la sombra, el silencio, son una parte indiscutible de ese propósito.

Celebrando el solsticio

Se acerca una de las fechas rituales que ha conseguido llegar con más éxito hasta nuestros días: el solsticio de verano, una de las ocho festividades solares del calendario ceremonial pagano europeo.

En ese recorrido cíclico de la tierra en torno al sol, el 21 de junio representa el punto más álgido del crecimiento de la luz. A partir de aquí se inicia un descenso tras el que vendrán la maduración de los frutos y la cosecha.

Las celebraciones en torno al solsticio (Litha, San Juan), tenían como fin celebrar al sol para acompañarlo en ese tránsito. Principio masculino (fuego) y femenino (agua), se interrelacionaban en los festejos. Diosa madre de la fecundidad en máxima unión con su hijo-amante, el dios astado de la fertilidad. Porque somos complementariedad sagrada, interrelación indisoluble.

Tal vez tengas más personas con las que celebrarlo, o a lo mejor te apetece hacerlo solo o con tus hijos. Lo bonito es, sea como sea, iniciar la magia, aprovechar la excusa para jugar.

  • Tal vez ir a recolectar al atardecer verbena, hipérico, malvas, dedaleras, saúco, salvia, lavanda, laurel, ruda, artemisa…., y hacer ramilletes para colgar en las puertas o para secar y usar más adelante.
  • O hacer aceite con esas flores.
  • O sumergirlas en agua y dejar que el rocío de la noche complete la magia, y usar el agua para lavarnos, para sanar.
  • Hacer un fuego, o en su defecto encender velas.
  • Quemar en el fuego aquello de lo que nos queramos desprender de nosotros, lo que ya no nos sirva.
  • Saltar sobre el fuego, o danzar alrededor de él en círculos.
  • Bañarte en un curso de agua, sabiendo que ese día la naturaleza se carga de una energía especial.
  • Acercarte al mar, y mirar al sol del atardecer, y fundirte a la vez entre las olas.
  • Darte un baño de bosque con los sentidos muy despiertos, ya que ese día lo invisible está más cercano a manifestarse.
  • Comer, beber, contar historias y jugar bajo las estrellas.

Te invito a que busques, a que investigues y a que decidáis juntos cómo queréis celebrar la magia. Porque, seguro, el aceite de hipérico que haréis juntos ese día curará como ninguno las heridas, y el agua floral tendrá la irresistible atracción de llevar a la bañera a los más reacios, y los ramilletes de flores espantarán pesadillas, y las infusiones y unos cuantos besos serán el mejor remedio para los resfriados. Pero, sobre todo, el ritual compartido creará lazos indelebles, recuerdos de infancia maravillosos y un respeto profundo por nuestra madre Tierra.

“La cultura occidental comienza hoy a reconocer que estuvo mucho tiempo equivocada. Que la Tierra no es un mero montón de materia inanimada sino que es un ser vivo, que siente, que reacciona, que tiene ciclos, pulso y, lo más sorprendente, que posee un cierto tipo de consciencia.” Armando Blanco Patiño, Tlazocamati Tonantzin

Compártelo!

Deja un comentario