¿Nos gusta sufrir?

¿Nos gusta sufrir?No creo que nos guste sufrir, ni que el sufrimiento tenga que dejar de existir. Pero sí creo que nos aferramos al dolor porque hemos construido nuestra identidad a través de él. Y, si desaparece, tenemos miedo a desaparecer nosotros.

La vibración

La construcción de nuestra identidad, de nuestro ego, que tiene lugar a lo largo de la infancia, se hace a través de heridas, carencia y desamparo en distintos grados. Esas experiencias pasadas se van acumulando, conformando nuestro cuerpo, nuestro carácter y nuestra disposición energética.

Las corazas que nos  ponemos para protegernos de ese dolor nos llenan de bloqueos donde la energía se estanca, no fluye. De manera que nos convertimos en una especie de portadores de campos de energía negativos y estancados.

Mientras somos niños, mientras la coraza aún no se ha conformado, fluimos con más ligereza, nos entregamos al presente (que tiene la capacidad de disolver la mente y su cárcel temporal), nos rendimos a la vida y a su espontaneidad y su juego. Por eso los niños son hermosos, sus rostros están abiertos, no contraen permanentemente los músculos, y vibran en una frecuencia alta. Eso es lo que hace que nos llamen tanto la atención cuando los vemos, sobre todo cuanto más pequeños, y que las casas donde están ellos se llenen de una alegría particular.

Pero a medida que crecemos la coraza se refuerza, los bloqueos se cronifican y esas sombras de dolor  nos van envolviendo. Y los campos de energía de una frecuencia atraen a los campos de energía de la misma frecuencia. Por eso nos vamos alimentando de pensamientos, personas y situaciones que vibran en sintonía con nuestra energía.

La libertad

Soy consciente de que hablo de cuestiones que a muchos aún les resultan inconcebibles. Sé que venimos de una época hija de la racionalidad materialista, que ha guillotinado nuestra parte espiritual por parecerle incognoscible a la ciencia de Newton. Para quien aún albergue dudas sobre lo que digo, o la mención de la palabra espíritu o energía le genere escepticismo, le invito a acercarse a los postulados de la física cuántica (el observador es quien crea la realidad).

También me doy cuenta de que lo que voy a decir genera resquemor porque nos sitúa en una posición de responsabilidad total sobre lo que decimos, hacemos y experimentamos en nuestra vida. Y esa LIBERTAD no nos gusta. Porque nos obliga a tomar las riendas y actuar (sobre eso te hablaba en este post).

Así que quiero dejar unas cuantas ideas para que las leas y las sientas dentro de ti:

  • Tenemos cierta adicción a la infelicidad (como dije antes, en forma de pensamientos, personas o circunstancias).
  • Atraemos aquello que sentimos por una cuestión de resonancia vibratoria.
  • Los medios de comunicación de masas alimentan ese tipo de energía.
  • En ti, y solo en ti, está la responsabilidad de alimentar esa energía hecha de ira, resentimiento, ansiedad, carencia, miedo, rencor, envidia, celos.
  • No eres tu pasado, no eres tu dolor.
  • Cualquier cambio en el patrón vibratorio del mundo empieza en ti.

¿Hay salida?

Si has leído y sentido las ideas que escribí antes, tú mismo lo habrás intuido. Pero si aún así te surgen dudas, puedo compartirte lo siguiente:

  1. El primer paso es siempre una toma de consciencia. Como decía San Pablo, todo lo que es expuesto a la luz se convierte en luz. Aceptar el parásito psíquico que albergamos. Mirarlo, sentirlo, abrazarlo. Negarlo lo refuerza.
  2. Lo siguiente es estar muy presente. Estar presente es deconstruir la cárcel del tiempo lineal. Es asumir que lo que tenemos es este instante. Y en este instante somos libres de creer, sentir y hacer lo que queramos. No hay pasado, hay presente que mira lo que cree que fue el pasado. No hay futuro, hay presente divagando. Y nadie se puede escapar de eso. Quien se escapa es la mente, porque en el presente muere.
  3. Estar alertas a su aparición (la del dolor). Lo cual no quiere decir no sentir ningún tipo de negatividad, solo no dejarse arrastrar por ella.
  4. No alimentar el parásito en los niños. Hablar sobre él sin valoraciones. Despiezarlo. Dibujarlo.
  5. Usar nuestro sufrimiento como despertador. Las personan que han sufrido o sufren mucho tienen la puerta abierta, porque es cuando ya no soportamos más dolor cuando decidimos despertar.

 

Los problemas de la mente no se resuelven con la mente, aunque esta nos ayuda en la toma de consciencia. La cuestión va más hacia sentir, integrar en nuestras vísceras y en el torrente de nuestra sangre. Hay intención, elección y práctica. Esa es la única fórmula mágica.

Espero que la vibración de este preciso instante en el que te escribo tienda una mano hacia la luz que hay en ti.

“La felicidad no es un sentimiento, es una decisión” Teresa de Calcuta

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