¿Nos convierte la maternidad en inferiores?

reconocimiento social de la maternidad

Hace tiempo que vengo escuchando, desde sectores feministas, la reivindicación de una igualdad de los permisos de maternidad (que son actualmente en España de 16 semanas para las madres y 5 para los padres). Incluso existe una plataforma, la PPiiNA que aboga por ello, y porque sean intrasferibles y obligatorios. Podemos ha elevado una proposición de ley al respecto que ha contado con la unanimidad de los diputados.

Yo sé que la intención es evitar la despenalización laboral de las madres, que son discriminadas en la contratación por esta situación, pero se hace desde una óptica a mi juicio equivocada. Un tanto para el sistema patriarcal y un duro revés para las criaturas.

Lanzo estas preguntas para la reflexión:

  • ¿Acaso nadie cuestiona el modelo igualitarista de “liberación” de la mujer?
  • ¿Es acaso una liberación dejar a las criaturas para salir a producir para el sistema?
  • ¿Es una liberación tener doble trabajo, dentro y fuera de casa?
  • ¿Se demuestra que nuestra “inferioridad natural” (la que nos han vendido durante siglos) es mentira haciéndonos renunciar a la maternidad?
  • ¿Alguien se acuerda de las necesidades de los bebés?

Reconocer socialmente el valor de la maternidad

Claro que hombres y mujeres merecemos la misma consideración y respeto y un trato social no discriminatorio, pero no podemos obviar la biología: nosotras menstruamos, concebimos, gestamos, parimos y criamos. Y el verdadero problema es que esto no tiene valor reconocido para la economía capitalista. Las funciones maternas, únicas e indispensables para la vida, han sido despojadas de su valor, y esa es la verdadera causa de la inferioridad de la mujer.

Por eso, el fin de nuestra discriminación social nunca pasará por intentar igualarse al hombre, emulándolo, ni por robotizar y degradar la maternidad, sino por reconocer social y económicamente su valor.

No renuncio a mis entrañas. No quiero verme obligada a dejar a mi bebé, desgarrada y puérpera, como si mis cuidados y mi deseo pudieran transferirse a cualquiera. Sobre todo porque sé que es lo que las criaturas necesitan, a sus madres enteras y disponibles, sostenidas por una sociedad que sabe de la delicadeza y la trascendencia de ese vínculo único y sí, intransferible.

 

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