Los puntos negros de la crianza respetuosa

“En el pasado los hijos solían tener miedo de los padres, ahora los padres tienen miedo de los hijos, ¡pero el miedo continúa! La rueda se ha movido, pero es el mismo miedo, y una relación solo puede existir cuando no hay miedo. El amor solo es posible cuando no hay miedo” Osho, El libro del niño

Crianza tradicional versus crianza respetuosa

La crianza tradicional estaba imbuida de autoritarismo patriarcal: los hijos se encontraban en una posición de subordinación total y eran considerados una propiedad de los padres (igual que la mujer lo era el marido). La infancia era vista como una etapa de paso a la adultez, sin valor per se. La mirada era inflexiblemente adultocrática.

Hoy es evidente que el viejo paradigma se está quebrando pero, al no tener referentes a los que acogernos, a veces pecamos de pasar al extremo opuesto. Encuentro en la llamada “crianza respetuosa/consciente/natural/con apego” una serie de jueces sumarísimos para los que el niño lo es todo y nuestro deber es sacrificarnos por su bienestar. En su argumentario está la vulnerabilidad de los niños, la opresión a la que siguen sometidos, la importancia de la etapa en la forja del futuro adulto y el peso de nuestra condición de adultos responsables. El problema viene al querer alcanzar ese cambio de paradigma a costa de lo que sea.

Equilibrando el nuevo paradigma

Yo me pregunto si no sería cuestión de alcanzar un punto de equilibrio, ya que en cualquier relación sana todos deben estar a gusto. Y aplicar el sentido común.

Llevo tiempo asisitiendo a recomendaciones que me apenan: se les dice a las madres cuánto tiempo deben dar el pecho para que el destete sea natural (aunque te estés muriendo de molestia y dar el pecho se convierta en un malestar físico y psíquico); se les dice la conveniencia o no de ofrecer pantallas a sus hijos y durante cuánto tiempo, en aras al correcto desarrollo de su creatividad (no vayan a usarlas las madres para darse una ducha decente, ¡qué egoísmo!); se les recomienda la cantidad y calidad de los juguetes que ofrecen a sus hijos (no sea que los sobreestimulemos o corten su imaginación)….

Y digo yo, ¿en qué momento perdimos tanto los papeles? ¿En qué momento nos convertimos en jueces supremos? Como decía el hashtag de Laura Mascaró: #dejemos los juicios para los tribunales.

Para llevar a cabo una crianza respetuosa necesitamos, ante todo, apoyo, no juicio. Un acompañamiento que entienda que estamos pretendiendo hacer solos lo que antes hacía toda la comunidad, y que las recomendaciones generales son eso, generales, y no conocen la casuística particular. No siempre se tienen las herramientas, el autocontrol, la empatía. Tú y tu familia sois una circunstancia única, y ningún experto o pseudoexperto en crianza está en vuestros zapatos.

Partimos de que queremos un cambio en la relación con los niños, y que la base de ese cambio es el respeto, pero para ambas partes. Porque somos ejemplo y es respetándonos como enseñamos, sobre todo, a criar con respeto.

“No cargues con ningún ideal. No escuches a los expertos; esas son las personas más dañinas del mundo, los expertos. Escucha tu corazón”. Osho, El libro del niño

♦Este post está dedicado a todos aquellos padres que se han sentido juzgados y culpabilizados en su intento, muchas veces ímprobo, de cambiar la forma de criar.

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