Las madres perfectas

Las madres perfectas

“Nadie pone objeciones a que una mujer sea buena escritora o buena escultora o buena genetista, siempre que al mismo tiempo consiga ser buena esposa, buena madre, estar buena, tener buen carácter, vestir bien y no ser agresiva.” Leslie M. Mc Intyre

¿Por qué las madres?

No he conocido padres perfeccionistas. No digo que no los haya, pero yo no los he visto  ni he oído hablar de ellos.

Por un lado, la crianza sigue siendo un terreno en el que los hombres meten poco la cabeza, y por tanto sus egos y su competitividad no entran en él.

Por otro lado, la sociedad aún está traspasada de un fuerte patriarcalismo, que guarda resentimiento hacia la mujer, despojándola de poder, invisibilizándola y sometiéndola a golpe de exigencia. Todos sabemos que, desde que somos pequeñas, se nos exige más. Las imágenes publicitarias, los cánones de belleza, el arquetipo de madre, el arquetipo de amante, el arquetipo de alta profesional. ..

Nuestras madres han sido las esclavas de esa visión sacrificada en la que debían olvidarse de sí mismas y dedicarse al servicio del marido, los hijos y el hogar.

Pero hoy, la explosión de la publicidad, la profesionalización de nuestra vida, la mayor exposición pública, han sumado la necesidad de encajar en un molde de belleza estandarizado y de ser perfectamente competitivas en el terreno laboral, además de presentes y entregadas al llegar a casa.

¿Cómo saber si eres una madre perfeccionista?

Voy a enumerar lo que para mí son señales inequívocas de que estamos rozando lo enfermizo en nuestro afán de ser las mejores madres. Puede que te reconozcas en todas, o tal vez solo en algunas, pero en cualquier caso, es momento de revisar:

  1. Lees libros de crianza (consciente, con apego, respetuosa, pacífica…), de neurociencia, de nuevas pedagogías.
  2. Asistes a cursos y talleres en los que otras personas te dan las mejores pautas para criar a tus hijos.
  3. Sigues blogs, canales de youtube, redes sociales sobre esos temas.
  4. Te agobias por no poder llegar a todo (trabajo, casa, niños, compromisos sociales…)
  5. Criticas a otros porque no lo hacen como tú, y aún no se han enterado de las perversidades de la educación tradicional.
  6. Sueles compararte con otras madres, en especial con las que aparecen en redes sociales, y sientes envidia de su forma “virtual” de crianza.
  7. Llegas a pensar que tus hijos no te lo ponen fácil.
  8. Cuando la cagas, cuando tu monstruo se apodera de ti, sientes una culpabilidad desproporcionada.
  9. Mides cada uno de los pasos que das para analizar si es lo suficientemente respetuoso.
  10. Si trabajas fuera de casa, quieres ser tan perfectamente eficiente como lo eras antes de tener hijos, no vayan a decir que por ser madre ya no rindes igual.
  11. Cuidas la alimentación de tus hijos, procurando ofrecerles azúcares naturales y alimentos poco procesados.
  12. Te ocupas con esmero de su vida escolar (tareas, trabajos, nombres de sus compañeros…), o de tener que compensar los males de la escuela, que aún vive en el siglo XIX.
  13. Procuras cuidar la vida sexual en pareja, si es que la tienes, porque también hay que encargarse de mantener viva la llama.
  14. Tienes las responsabilidades de cada uno, los horarios y los compromisos bajo control, o al menos crees que tienes que tenerlos.
  15. En muchas ocasiones, sientes que si tú faltas a los niños les va a pasar algo o la casa se va a venir abajo.

Lo que aprende el hijo de la madre perfecta

El hijo de una madre perfecta aprende algo seguro:

  • A no aceptar la vida como es.
  • A sentirse insuficiente.
  • Autoexigencia
  • Desconexión.
  • Necesidad de control.
  • Miedo a lo inesperado.
  • Sacrificio por los demás o por unos cánones externos.
  • Rigidez, falta de flexibilidad.
  • Que está defraudando a su madre no poniéndoselo más fácil.
  • Que la vida no es libre.

Cómo librarte del peso de la excelencia

Cuando escribo esto, no lo hago porque yo lo tenga conseguido todo el tiempo. Soy, como tú, una guerrera en transformación. No quisiera en ningún momento poner sobre tus hombros una nueva carga.

Tampoco quisiera que de mis palabras se desprenda la idea de               que todo eso que mencioné antes es malo en sí mismo. Desde luego no es malo preocuparte por los demás ni intentar hacer las cosas mejor, pero sí lo es si se convierte en algo que te resta libertad y te hace sentir en una competencia desgastante contigo misma.

  1. En primer lugar, es fundamental trabajar la idea de que YA SOMOS PERFECTAS. Si gritas, si te enfadas, si la casa está sucia, si tu trabajo te sobrepasa, si tus hijos te insultan o se pelean, sigues siendo perfecta. Todo lo que pasa en la vida es perfecto para el motivo por el que fue diseñado.
  2. En segundo lugar, creo que hay que seguir más a nuestro INSTINTO y menos a ningún gurú o manual. Solo nosotros conocemos nuestras circunstancias. Además, la teoría de los demás tal vez sea solo teoría, tal vez las vidas de las personas que admires sean igual de desastrosas que la tuya en muchos momentos. O tal vez ni siquiera sea como venden. Al final, las redes sociales nos dan una imagen ideal de las personas, no a la persona real.
  3. En tercer lugar, confiar en que NO PASA NADA por hacer las cosas de otra manera, por equivocarse, por no poder, por no llegar, por no dar todo. Y para eso es vital RECONECTAR con nosotras. Pararnos a mirar adentro, a atendernos, y a relajarnos en el flujo de lo que está pasando. No somos imprescindibles.
  4. En cuarto lugar, entender que los demás no tienen por qué ver las cosas como nosotros. Que CADA CUAL TIENE SU CAMINO y que el nuestro es solo nuestro, hijo de nuestras circunstancias, ni mejor, ni peor.
  5. Al final, asimilar que NO HAY NADA QUE DEMOSTRAR. Eliminar ese anhelo por llegar a otro sitio olvidando el sitio en el que ya estamos, que es perfecto con sus manchas de chocolate, la ropa durante horas metida en la lavadora sin tender, las chuches, los gritos y la hora de dormir sobrepasada.

Anhelando ser mejor, nos olvidamos de la perfección de SER AHORA.

“Dado que eres distinto de cualquier otro ser que haya sido creado desde el principio de los tiempos, eres incomparable” Brenda Meland

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