La pareja tras la sombra de la maternidad

La pareja tras la sombra de la maternidad

“La mayoría de los adultos permanecemos inmaduros reclamando en el presente que alguien nos acune, nos cuide, esté atento a nosotros y seamos el ser más importante para el otro. Lo que no fue satisfecho en la infancia queda pendiente para el futuro”. Laura Gutman, La maternidad y el encuentro con la propia sombra”

La pareja y la maternidad

Hay dos cosas de las que nadie nos advierte cuando llegamos a la maternidad:

  • Que tendremos una personita completamente dependiente de nosotros 24 horas al día non stop.
  • Que se multiplicarán los niños a los que cuidar, porque con el bebé se despertarán nuestros propios niños interiores. ¡Y todos piden atención!

El psiquiatra estadounidense Michele Balint (te hablé de él otras veces), acunó un concepto para referirse a una plaga emocional que observaba en sus pacientes, que referían de manera sospechosamente idéntica una carencia común, un vacío interior que él dio en llamar la FALTA BÁSICA. Esa falta básica no era otra cosa que la ausencia del amor de la madre, ese amor que va más allá de los cuidados y que se da cuando mujer y criatura se funden y acoplan sus cuerpos y deseos.

Nuestra asombrosa capacidad de supervivencia nos hace adaptarnos a esa carencia, que a pesar de ello no desaparece, sino que queda relegada al inconsciente, a la sombra, y se reactiva en la vida adulta cuando nos emparejamos.

Y lo hacemos casi siempre de manera desastrosa, como individuos dependientes que reclaman al otro el amor incondicional que no tuvimos. Dice Eckart Tolle, y yo lo suscribo, que confundimos AMOR con APEGO ADICTIVO, que nuestros egos juegan a atraer y retener al otro a través del papel que representamos, precisamente para rellenar ese vacío.

Y en medio de todo esto llegan los bebés, que no descansan y maman a placer como en las películas, sino que lloran, reclaman brazos y no duermen a las horas que nos gustaría. Las madres, desbordadas, exigimos a los padres algo que ni saben, ni conocen, ni comprenden., sin darnos cuenta que una sola persona no puede cumplir el papel de la tribu entera (sostén emocional y económico, diálogo, madurez…).

Cuestionando la pareja monogámica

Martha Moia sostiene que la primera forma de organización humana original y universal fueron lo que ella llamó GINECOGRUPOS (mujeres con sus proles de varias generaciones), y que la pareja monogámica existe apenas desde el 1500 a.C. y no puede proporcionar la misma estabilidad, protección y armonía. Otros autores apoyan esta idea y hablan de la líbido materna como forma de sexualidad primaria frente al matrimonio, es decir, que la unión madre-bebé estaría por encima de la pareja monogámica como forma ideal de organización social.

Puede que así sea, que la vida se prodigue más amorosamente dentro de ginecogrupos, que estos sean más capaces de dar protección, cuidados y bienestar de una manera armónica. Puede que el matrimonio haya sido un fracaso histórico en las organizaciones humanas. Pero está aquí, vertebra nuestras vidas y, en determinados momentos, nos hace meternos de lleno en una crisis bestial. La llegada de nuestros hijos son sin duda una de las situaciones que lo ponen a prueba. Y pueden suceder tres cosas:

a) Que la pareja quiebre.

b) Que siga junta por los niños, por la seguridad, por hábito, por miedo a la soledad, por algún tipo de beneficio mutuo.

c)Que salga renovada y nos fortalezca como personas.

La pareja como práctica espiritual

Cada opción es válida porque es la adecuada a nuestro nivel de consciencia en cada momento. Pero sin duda la tercera es la que más nos hará crecer. Yo he tenido que vivirlas todas para terminar entendiendo que:

  1. Si hay amor y odio/miedo, es señal de que lo que tenemos responde más al apego que al amor.
  2. Que querer cambiar al otro nunca funciona, y que aceptarlo tal como es proporciona una paz inestimable.
  3. Que los juicios y las acusaciones corresponden al ego, que necesita reforzarse a través de los conflictos.
  4. Que tras la máscara del ego (la nuestra y la de los otros), compartimos una misma esencia, escondida, herida, con miedo.
  5. Que ser capaz de no reaccionar al miedo del otro, lo desactiva.
  6. Que ya que las crisis existen, debemos alegrarnos por ellas, ya que es el inconsciente saliendo a la luz. Entonces hay que registrarlo todo, lo que le pasa a nuestro cuerpo, las sensaciones que vivimos.
  7. Que podemos practicar el SADHANA, es decir, ver la relación como nuestra práctica de crecimiento espiritual. Aunque todas las opciones sn válidas, la vida en pareja es sin duda más rica en matices y posibilidades.
  8. Que siempre podemos ser honestos con lo que sentimos/queremos, y comunicárselo al otro, evitando las peticiones desplazadas (Ej., “Ocúpate del niño”, cuando lo que necesitamos en realidad es cariño).
  9. Que el fin de una relación no es hacernos felices, sino conscientes.
  10. Que el amor es un estado interior y no depende de nada externo, de ninguna situación ni ninguna persona.

Me gustaría que me dejases en comentarios tu experiencia en tu relación de pareja tras la maternidad, si viviste una crisis, si la naturaleza de vuestra relación cambió y si tuviste herramientas para afrontarlo. Comparte si crees que puede serle útil a otras personas. Te dejo con una cita de Casilda Rodrigáñez:

“Las neurosis posesivas que presiden las relaciones amorosas entre los adultos desaparecerían si dejáramos de intentar que dichas relaciones colmen la carencia básica.”

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