La frustración y los niños. Diez ideas para acompañarla desde la consciencia

La frustración y los niños. Diez ideas para acompañarla desde la consciencia


«Enseñamos lo que sabemos, pero contagiamos lo que vivimos»

Frustración: interesante emoción, y peligrosa si se vive desde la inconsciencia. Una de las preocupaciones top de la crianza. Cuando nos enfrentamos a ella, solemos navegar en una ambivalencia que nos lleva, a algunos, a querer evitarla a toda costa y, a otros, a sobrecargar a los niños de experiencias frustrantes con el fin de que se vayan «curtiendo» para la vida.

Frustración: interesante y peligrosa emoción si se vive desde la inconsciencia. Una de las preocupaciones top de la crianza: saber acompañar su/nuestra frustración.Y ahí solemos navegar en una ambivalencia que nos lleva, a algunos, a querer evitarla a toda costa y, a otros, a sobrecargar a los niños de experiencias frustrantes con el fin de que se «curtan para la vida».

No creo en este tipo de lecciones, más fruto de la soberbia adulta que de otra cosa, ni creo que haya que evitar vivir las emociones que catalogamos como «negativas». Es por eso que, para lograr un equilibrio lo más natural y sano posible en este acompañamiento, te propongo diez reflexiones:

Diez ideas para acompañar conscientemente la frustración

  1. En primer lugar, te invito a considerar la frustración como algo real que existe en la vida, y que no debe ser impuesta por nosotros deliberadamente para ningún fin. La frustración aparecerá sí o sí, y en ese momento, no en ningún otro, la miraremos.
  2. A veces no nos damos cuenta de que sobrecargamos a los niños con situaciones que no están preparados para afrontar (casas no adaptadas a ellos, estrés, exceso del «no», prisas…), y eso les genera tensión que los satura.
  3. Otra posible causa de la frustración en los niños tiene que ver con las expectativas que volcamos sobre ellos, y que perciben más de lo que nos imaginamos. Su temor a decepcionarnos por no poder cumplir lo que esperamos de ellos, les hace vivirla de modo desgarrador. Te dejo aquí un enlace si quieres profundizar un poco más.
  4. Otras veces la frustración procede de una baja autoestima, y ese no sentirse capaz es un bloqueo mental muy poderoso que hay que trabajar (en otro post te contaré cómo).
  5. Puede ser también que nos apresuremos a solucionar la frustración sin permitirles siquiera evaluar la situación por sí mismos y con sus propias propuestas. ¡Y qué confianza y fuerza da eso!
  6. Relacionado con lo anterior, es posible que queramos evitar sus frustraciones por el malestar que nos provocan, y que detrás lleva el miedo a que no sean felices, miedo al juicio de los demás, prisas… Soltar, o al menos ser conscientes de ello, nos hará poner la atención en la situación y en el niño, no en nosotros.
  7. Ayuda mucho cuando un niño sabe que a nosotros también nos pasa, también nos frustramos, y cuando éramos pequeños aún más. Pero no me refiero a » La vida es así, no se consigue siempre lo que se quiere», sino a dar ejemplos concretos y reales que nos hayan sucedido a nosotros, y cómo lo hemos resuelto.
  8. Las frustraciones son buenas para trabajar el desapego. Es interesante verlas así y hacérselo ver: me frustro porque le adjudico a un objeto o situación la capacidad de hacerme feliz. Sin embargo, la felicidad no depende de nada externo, sino de una actitud ante lo que sucede. (te dejo aquí enlace sobre eso).
  9. Otra idea que debemos manejar y transmitir es la de que la fuerza no viene del éxito constante sino de la capacidad de resistir los fracasos. Es una manera estimulante de ver la frustración como entrenamiento de la fuerza, en lugar de su contrario.
  10. Por último, y muy importante, deberíamos mirar con lupa nuestra propia actitud ante los fracasos, incluidas las reacciones que tenemos cuando los niños hacen algo que nos disgusta. ¿Hay positividad y búsqueda de soluciones? ¿O inducción a la culpa y queja?

La vida ha de ser vivida plenamente, sin atajos ni huidas. Sin la pretenciosa creencia de que nosotros sabemos y ellos no. Ni los años ni el intelecto garantizan habilidad en el manejo de las emociones (la adultez está llena de mujeres y hombres rotos).

Me temo que toca invocar a la consciencia y a ese conocimiento intuitivo que los adultos tenemos pisoteado por la razón y a los niños les nace a borbotones.

Y tú, ¿cómo llevas la frustración de tus hijos? ¿La tuya?

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