La escuela no te prepara para la vida

la escuela no te prepara para la vida

Cuestionando la escuela

Todos los inicios de curso me remueven más aún que el final del año. Me sucede desde que empecé mi vida escolar, de la que nunca he estado al margen, primero desde mi perspectiva de alumna, después como profesora y ahora también como madre.

Cuando compré los libros de mi hija mayor y los abrí para ojearlos, me inundó una tristeza amarga. Recordé que ella amaba jugar con las letras hasta que dejó de hacerlo, frustrada porque tenía que aprender a leer y escribir. Así, sin previo aviso y sin ningún otro tipo de consideración.

Y recordé el relato de André Stern sobre cómo aprendió él, fascinado por la lectura de sus padres, rodeado de libros, en absoluta libertad y de manera deliciosamente espontánea.

De inmediato sentí que esa es la manera. Que el aprendizaje se construye como una red mágica e invisible que conecta nuestros intereses de una forma armoniosa. Que un aprendizaje nos lleva al otro y al otro y al otro, y en ese ir, volamos. Nos impulsa el entusiasmo, el auténtico motor que pone todo en funcionamiento.

¿No os resulta difícil explicarles a los niños por qué han de aprender unas cosas y no otras en la escuela? Ellos, que no entienden de prejuicios ni jerarquías en el libre despliegue de su curiosidad. ¿Lo intentamos?

¿Por qué todos debemos estudiar lo mismo (=estandarización)?

Realmente cada persona es una expresión única e irrepetible de la vida, pero la escuela no te enseña a ser tú mismo, sino a imitar a los demás, como si estuviera fabricando productos en serie. Cuando todos nos comportamos igual y nos da miedo destacar, somos más fácilmente controlables. Al poder le gusta la obediencia y la uniformidad.

¿Por qué tenemos que aprender determinadas asignaturas y no otras (=jerarquía de asignaturas)?

Porque cuando surgió la escolarización pública, gratuita y obligatoria, lo hizo para satisfacer las necesidades de la Revolución Industrial, de manera que las ciencias, letras y números eran más útiles a ese fin que la danza o la meditación.

¿Por qué hay que hacer exámenes (=obsesión por la evaluación)?

Porque la escuela fabrica trabajadores cuyas aptitudes deben ser evaluadas, como una especie de criba. El aprendizaje real surge de un impulso interno, no de un objetivo externo a ti al que has de rendir cuentas. Y porque la competitividad que generan prepara a las personas para que la reproduzcan en su vida adulta. Divididos y recelosos somos más fácilmente dominables.

¿Por qué hay que memorizar como autómatas?

Es un anacronismo propio de una época en que la información no estaba tan al alcance de la mano ni tan globalizada. Lo que se memoriza sin ningún otro fin se olvida fácilmente.

¿Por qué la mayor parte de lo que aprendemos no nos sirve para nada?

Un poco por todo lo anterior. Porque la escuela no busca tu verdadero aprendizaje y está desconectada de la vida.

¿Es posible cambiar esto?

A veces me pregunto si veré el fin de la escuela tal y como la conocemos hoy. Si surgirá una escuela pública donde el aprendizaje sea individualizado, no estandarizado; donde no haya maestros sino guías disponibles para acompañarte en las disciplinas que te vayan interesando; donde no haya exámenes pues solo tendrías que rendir ante ti mismo; y donde tengan cabida el crecimiento espiritual, la expansión de la conciencia, el arte de vivir, todo conectado holísticamente. Donde volverte poesía y asombro.

O si no habrá escuela, sino el mundo entero disponible para que cada cual busque y se acerque a sus guías de manera libre.

Al margen de la escuela

Al final de estas divagaciones siempre termino dándome cuenta que nunca hay que esperar a que el sistema cambie, igual que es inútil y desgastante esperar a que los demás sean como nosotros queremos. Que el cambio es, como debería ser el buen aprendizaje, algo que surja de dentro. No esperar a que la escuela te realice o te prepare para la vida.

Por eso debemos ayudar a los niños, al margen de la escuela, a conectar consigo mismos, a seguir su propio camino (ni el de la escuela ni el nuestro), a descubrirse, a desplegarse en lo que más les guste, a conectar sus intereses, a conocerse y respetarse.

Y para eso nos toca lo más difícil, que no es solo poner a la escuela en un lugar secundario en nuestra vida, sino rehacernos nosotros. Ser ejemplo. Conectar con nuestro interior y buscar nuestro propio propósito en la vida, aquello que nos inspira y enriquece, y así puede inspirar y enriquecer a los demás. Aquello que hace que la frontera entre nosotros y lo que hacemos se disuelva mágicamente.

¿Difícil? Cuando estás alineado contigo mismo notas ese fluir ligero y todo, también la escuela, se convierte en tu práctica espiritual.

¿Lo habías visto de esta manera?

“Si la educación es la correcta, se ocupará de tu dicha, tu felicidad, la música, el amor, la poesía, la danza. Te enseñará a desarrollarte. Te ayudará a salir de tu propio ser, a florecer, a crecer, a extenderte, a expandirte.” Osho, El libro del niño

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