Guía para niños: cómo ser más paciente con tus padres

Guía para niños: cómo ser más paciente con tus padres

«Por eso, cuando estás con niños de cuatro o cinco años, está bien ser como ellos. Y no te creas que tú sabes y ellos no. Escucha, saben algo. Lo saben más intuitivamente. No tienen conocimientos, pero tienen una visión, una visión muy clara. Sus ojos todavía están despejados y sus corazones todavía fluyen, laten. Están todavía sin contaminar. El veneno no ha empezado todavía. Todavía son naturales.

Por eso no seas un erudito con ellos. No seas profesor, sé un amigo. Hazte su amigo y comienza a buscar las claves de la inocencia, la espontaneidad, la inteligencia. Te ayudará enormemente y tu meditación llegará de modo más profundo.» OSHO, El libro del niño

De por qué los niños nos aguantan

¿Por qué nunca le damos la vuelta a nuestra sempiterna queja de lo que nos agotan la paciencia los niños? ¿Acaso nos la agotan solo los niños? Seguro que no, solo que con los demás guardamos las formas. ¿Por qué no con ellos? Porque nos quieren incondicionalmente, y nos aprovechamos de eso en lugar de maravillarnos de su extraordinaria capacidad para aguantarnos.

Cinco tips para entender a tus padres

Niños, tal vez estos cinco consejos os ayuden a sobrellevar a vuestros padres un poco mejor:

  1. Tenéis que entender que vuestros padres se han ido desnaturalizando a medida que crecían, o lo que es lo mismo, han perdido frescura y energía. Las exigencias de la escuela, la familia, el trabajo y la sociedad han ido marchitando su vitalidad lentamente. Y no tuvieron a nadie que la protegiera.
  2. Cuando vuestros padres eran pequeños, esperaban de ellos que tuvieran «buen comportamiento» (que se sometieran siempre a los adultos), que reprimieran ciertas emociones («no se llora», «estás feo cuado te enfadas», les decían), y que tuvieran empatía con los adultos (no hacer las cosas que a los mayores no les gustaban, aunque fueran divertidas y estimulantes, sobre todo si estaban cansados, enfadados o con sueño). Su infancia fue dura y normalizaron esa dureza.
  3. Sus expectativas (lo que esperan de vosotros; os dejo enlace aquí), les alejan de lo que vosotros sois ahora. A veces por desconocimiento de la infancia o por temor a que seáis infelices. ¡Qué locura!, pensaréis.
  4. No viven el presente como vosotros, siempre están culpándose por lo que hicieron o dejaron de hacer ayer y preocupándose por lo que tendrán que hacer luego o mañana. Son una maraña de pensamientos enredados que les quitan las ganas de jugar.
  5. En el fondo tienen miedo de entenderos tanto que tengan también que hacerse cargo de su propio niño interior (os lo explico en este post). Que sí, que no dejan de ser niños en un rincón muy secreto de su corazoncito, debajo de las prisas, el trabajo, la tristeza y las responsabilidades.

Así que compadeceos. Entended que a veces no son ellos, es como si un fantasma ocupara sus cuerpos cada vez que chillan, castigan, riñen y reprochan. No es por vosotros por lo que lo hacen. Recordad que bajo ese monstruo que se enfada y grita hay un niño al que le encantaría salir y jugar. ¡Por favor, no dejéis de invocarlo nunca!

«Eres afortunado por poder entender la situación en la que se encontraban tus padres. A ti no te han hecho nada específicamente; le hubieran hecho lo mismo a cualquier niño que hubiesen tenido. Estaban programados para eso.» OSHO, El libro del niño

 

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