Eneagrama: una herramienta para la crianza y el viaje interior

Eneagrama: una herramienta para la crianza y el viaje interior

“No hay nada oculto sino para ser descubierto y no hay nada escondido sino para que venga a la luz; si alguno tiene oídos, que oiga.” Mc. 4, 21

¿Qué es el eneagrama?

El eneagrama es una estructura de geometría sagrada que sirve como herramienta para el conocimiento interior y el despertar. Proviene de tradiciones esotéricas orales secretas de gran antigüedad, pero su popularización se la debemos a Gurdjeff (a quien le fue revelado por una hermandad secreta de Asia Central).

Lo que nos dice el eneagrama es que somos una unidad que se expresa en nueve esencias sagradas. Cada uno de nosotros estamos vinculados a una de ellas con una intensidad mayor, aunque somos todas. La tradición sufí lo expresa de forma muy bella, y dice que cada uno hemos venido a manifestar en el mundo alguno de los rostros de Dios.

Estas nueve cualidades santas son la Perfección, la Libertad, la Esperanza, la Originalidad, la Omnisciencia, la Fe, el Trabajo Espiritual y el Amor.

La caída

Pero en algún momento, y tal y como dicen todas las tradiciones espirituales, hemos caído, hemos perdido esa unidad y armonía universal.

Claudio Naranjo sitúa históricamente esa caída hace 6000 años, en el comienzo de la civilización agrícola y patriarcal. Y aún continuamos ahí, perpetuándola con cada niño que nace.

Dicen que en el vientre materno sentimos esas cualidades, el amor, la presencia y la protección, pero la forma traumática de nacer (que sucede normalmente en los hospitales), la socialización y la escolarización nos desconectan de nuestra esencia.

Nacemos prístinos, con una percepción tan pura y abierta, que tenemos que poner velos para protegernos del dolor a nuestro alrededor, que no nos ofrece un entorno sustentador (falta de apoyo, de seguridad y de atención a nuestras necesidades, físicas, psicológicas, emocionales y espirituales). Y se va forjando una HERIDA en forma de CORAZA del carácter, una defensa para no sentir esa experiencia dolorosa y sobrevivir (sería imposible si esa herida se mantuviera consciente todo el tiempo).

Según el eneagrama hay 9 formas de experimentar esa herida,  9 reacciones, 9 pasiones, 9 fijaciones , 9 mecanismos de defensa, 9 mensajes del ego y 9 miedos básicos asociados:

No pretendo explayarme en este punto porque la información que circula en internet es vasta y abundante. Expondré una reseña muy breve:

  1. Si te has sentido equivocado, experimentarás fundamentalmente ira, y tenderás al perfeccionismo y la mejora sin fin de ti mismo.
  2. Si te has sentido humillado, experimentarás fundamentalmente orgullo, y tenderás a la manipulación y la búsqueda continua de la aprobación de los demás.
  3. Si te has sentido impotente, experimentarás fundamentalmente vanidad, y tenderás a esforzarte para lograr el éxito.
  4. Si te has sentido abandonado, experimentarás fundamentalmente envidia, y tenderás al control y a ser original y fiel a ti mismo.
  5. Si te has sentido aislado, experimentarás fundamentalmente avaricia, y tenderás a la acumulación de conocimientos, a la represión emocional y la retirada del mundo.
  6. Si te has sentido inseguro, experimentarás fundamentalmente miedo, y tenderás a defenderte con desconfianza y a buscar la seguridad fuera de ti.
  7. Si te has sentido perdido, experimentarás fundamentalmente gula, y tenderás a planificar, huir de la realidad y buscar la satisfacción insaciable de tus necesidades.
  8. Si te has sentido culpable, experimentarás fundamentalmente lujuria, y tenderás a usar la culpa, ser fuerte y estar al mando para conseguir el placer.
  9. Si te has sentido indigno de amor, experimentarás fundamentalmente pereza espiritual, y tenderás a la inacción y la resignación.

Sanar la herida

Esa herida se reabre, a lo largo de nuestra vida, ante las experiencias que nos la recuerdan. Parte de tus automatismos vienen de ahí (tal vez te interesen estos dos post que escribí sobre ello, sobre sanar al niño interior, y una carta a tu niño interior).

Además, solemos leer la conducta de los demás desde esa herida, lo que nos hace interpretar la realidad todo el rato sin libertad y con mucha infelicidad.

La herida está en la sombra, y la sombra debe salir a la luz y ser sanada. Tuvo su utilidad cuando éramos niños, para proteger nuestra percepción tan sensible del tremendo dolor. Pero de adultos ya no la necesitamos.

Nos lo debemos, se lo debemos a ese niño que fuimos y a los que nos acompañan. Abrirnos de nuevo a la presencia, la protección y el amor que está en cada uno de nosotros. Re-conocernos. Re-conectar con nuestra esencia sagrada.

Cada cual ha de escoger su camino. Según Roberto Pérez, con el que estoy plenamente de acuerdo, serían tres: la psicología profunda, la sanación ritual del chamanismo o la espiritualidad.

“ Un niño, cuando nace, necesita el amor de sus padres, es decir, necesita que estos le den su afecto, su atención, su protección, su cariño, sus cuidados y su disposición a comunicarse con él. Equipado para la vida con estas virtudes, el cuerpo conserva un buen recuerdo y, más adelante, el adulto podrá dar a sus hijos el mismo amor. Pero cuando todo esto falta, el que entonces era un niño mantiene de por vida el anhelo de satisfacer sus primeras funciones vitales; un anhelo que de adulto proyectará sobre otras personas.” Allice Miller, El cuerpo nunca miente

 

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