En busca de tu propósito interior

En busca de tu propósito interior

“El niño es consciente de sus potencialidades ilimitados, está completamente conectado a la convicción de que puede aprenderlo todo y serlo todo. Luego se da cuenta de que el mundo entero, a su alrededor, ve las cosas de otra manera (…), y esa disparidad, esa oposición entre la opinión que tiene de sí mismo y la que tienen los demás, le desgarra.” André Stern, Jugar

¿Qué es el propósito interior?

El propósito interior es aquello que has venido a dar a este mundo, y que desgraciadamente pocas veces coincide con tu propósito exterior (aquello que haces).

Todos hemos nacido con talentos naturales, el problema es que tanto la socialización como la escuela nos van desconectando de nosotros mismos, nos van normalizando, estandarizando y acostumbrando a responder a lo que se espera de nosotros en lugar de a nuestra llamada interior.

Como seres humanos, tenemos el deber espiritual de re-conocer esos talentos. Como padres, tenemos el deber moral de, en primera instancia, no aplastar y, sobre todo, reconocer y estimular los de nuestros hijos. Y esto debemos hacerlo desde una mirada desescolarizada, porque nuestro sistema educativo (te dejo un post al respecto), es tan reduccionista y castrador, que los bloquea y aplasta por completo.

Cómo saber si vives según tu propósito interior

Estas son diez señales que pueden serte útiles para identificar si estás viviendo según tu propósito interior. Estamos tan desconectados de nosotros mismos, que tenemos que usar este tipo de recursos para re-conectarnos.

  • Cuando disfrutas con lo que haces y te sientes tú mismo.
  • Cuando no hay en tu actividad asomo de estrés o ansiedad.
  • Cuando hay intensidad y creatividad.
  • Cuando lo que haces no conoce el reloj.
  • Cuando no hay ganadores ni perdedores, competidores, oposición.
  • Cuando el ego no lo usa para inflarse.
  • Cuando no hay esfuerzo, sino fluidez.
  • Cuando hay presencia, calidad y cuidado.
  • Cuando lo que haces enriquece e inspira a los demás tanto como a ti mismo.
  • Cuando trabajo y juego borran sus fronteras.

Cómo re-descubrir tu propósito interior

Hay quién afirma que no se puede hacer nada para intentar descubrir tu propósito interior, que llega como una especie de revelación, o despertar. Un día, de repente, sientes que tienes que abandonar aquel trabajo, que tu esquema de vida se desmorona, tus prioridades pasan a ser otras, tus relaciones sociales las encuentras vacías, tus rutinas explotan… A veces es una llamada interior o una “desgracia” que te acontece, y que rompe todo aquello que venías haciendo. No hay pensamiento, no hay razonamientos, no hay listas de pros y contras.

Pero yo sí creo que hay algo que se puede hacer, y es probar, tener muchos hobbies, leer, llevar un diario, no parar nunca de jugar dejándose llevar por la pasión, nunca por el deber. Y en medio de eso vas encontrando una fluidez cada vez mayor, y una creatividad que lo inunda todo: la cocina, la decoración de la casa, el jardín, la forma de vestir, las fiestas, los recorridos en coche, la organización de un viaje…

Y entonces empiezas a sincronizar ambos, propósito interior y propósito exterior. Como si las oportunidades que antes no veías se pusieran en tu camino. Como si una intuición te guiara. Y hay disposición, ambición y perseverancia en la misma medida que placer, pasión y deleite. Y eres como un arquero con su flecha.

Eso sí, el ego estará ahí para boicotearlo y hacer de la experiencia un subidón vacío. Pero al ego se lo reconoce fácilmente en cuanto aparecen resistencias y reacciones negativas ante los obstáculos. Es importante que lo que hacemos no acabe tomando el mando sobre lo que somos. Que lo exterior no ensombrezca lo interior.

¿Y nuestros niños?

Lo mejor que se puede hacer para no entorpecer ese diálogo directo que los niños tienen con su naturaleza esencial, es estorbarlos lo menos posible. No contaminarlos con nuestra sombra, nuestros miedos y nuestros automatismos. Es hacer un trabajo interior potente para salvaguardar su esencia sagrada. Conocerla. No cuestionarla. Respetarla. Y tendremos que hacerlo sí o sí. Porque ahí fuera está el mundo: la familia, la escuela, los dibujos, las obligaciones, las expectativas. Pero somos puerto. Y ellos creen en nosotros por encima de sí mismos. ¡Qué responsabilidad tan hermosa!

Y sobre todo, no dejar nunca de jugar, soltar al nuestro, preguntarle a qué le apetecería jugar de mayor. Y hacernos esas concesiones.

“Soy un agujero en una flauta por el que se mueve el aliento de Cristo. Escucha esta música” Hafiz, maestro sufí, siglo XIV.

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