El poder terapéutico de la escritura

El poder terapéutico de la escritura

“Usando simplemente la energía que gasto haciendo pucheros escribí un blues” Duke Ellington

Quiero hablar de la escritura porque, de entre todos los lenguajes (fotografía, cine, pintura, cocina, ganchillo…), es el que más tiempo llevo practicando, el que más conozco y el que he sentido más cercano a mí.

Lo que voy a escribir es extrapolable a cualquier otro lenguaje con el que te sientas identificado. Porque somos seres creadores, y usamos distintas vías para nuestro arte. Y el arte es todo, no solo lo que tradicionalmente se ha considerado Arte con mayúsculas, sino todo lo que seamos capaces de decir y dar al mundo. Decorar una habitación, inventar juegos para los niños, cocinar platos diferentes, diseñar una instalación de fontanería, trabajar la madera… Todo es arte y todos somos artistas. Solo que a veces no nos lo creemos o no hemos explorado el lenguaje que nos encaja.

Esto, por cierto, es algo que los niños hacen constantemente. Por lo que redescubrir nuestro artista tiene mucho que ver con rescatar a nuestro niño interior (te dejo post aquí sobre eso) e invitarlo a jugar.

Meditación y creatividad

El fin de cualquier lenguaje es servirnos de vehículo de expresión en dos sentidos:

  1. Comunicar a los demás.
  2. Comunicarnos con nosotros, conectar con lo que tenemos dentro.

Las mujeres somos más conscientes de ese poder creador gracias a que hay una energía biológica al servicio de crear vida. Energía que se vuelve a otros fines cuando el óvulo no es fecundado y que se siente de manera muy vívida durante nuestro ciclo mensual.

Para mí, la escritura es silencio y soledad. Cada vez que me dispongo a escribir, me regalo esos espacios de presencia solo conmigo. Además, mi escritura es prácticamente automática. Apenas reviso o repienso lo que escribo. Me siento más como un canal a través del que la vida se expresa. Y me dejo llevar por un ritmo y una música de la que soy una facilitadora privilegiada.

Y es terapéutico porque consigo gracias a ella una conexión conmigo misma aún más potente que cuando medito. Es mi meditación preferida. El tiempo lineal se rompe, hay fluidez, naturalidad y motivación. Y no hay esfuerzo en el sentido clásico de la palabra. Hay emoción y deleite.

Además, algo innegable que tiene la escritura es la fuerza que imprime la palabra sobre el papel. Cualquier propósito, cualquier inventario, cualquier decisión, declaración o acuerdo toman un poder extraordinario en el momento en que son escritos. Y si no, prueba a hacerlo.

Todo lo que he dicho hasta ahora de la escritura tal vez tú lo encuentres a través de otra vía. Y es absolutamente válido y necesario que lo explores si quieres acceder a esos momentos de reconexión contigo que todos necesitamos.

Cómo hacer escritura terapéutica

Lo que te voy a dar ahora son unas propuestas para que retomes la escritura si es que la tenías abandonada o, por lo menos, que explores si te sirve como forma de expresión y conexión.

El diario

Casi desde que he aprendido a escribir he llevado un diario. No escribía todos los días, sino solo cuando lo necesitaba. Y siempre me ha servido de confidente, de saco donde volcar lo que me bullía dentro y de vía por la que dar forma a lo que era confuso y caótico en mí. Me he desahogado y tomado decisiones gracias a él.

Y es algo que sigo haciendo. De vez en cuando voy y suelto lo que me baila dentro. La sensación después es increíblemente liberadora.

Diarios de crianza

Desde que nacieron mis hijas, voy haciéndole a cada una lo que yo llamo un cuaderno de crianza. En él anoto todas sus conquistas, sus cambios, los detalles cotidianos y maravillosos de su crecimiento. A veces me disculpo en él por mis errores, y les ofrezco el amor real que siento por ellas, que no siempre interpretan así.

De alguna forma siento que, cuando hayan crecido y se lo regale, algo ayudará a sanar las heridas que les he infringido por torpeza o desconocimiento.

Para mí también es un regalo, porque le hago el pulso a la memoria quebradiza que tenemos las madres, sobre todo si nos acompaña más de un niño; me ayuda a reflexionar sobre lo que hago mal y a agradecer la tremenda suerte que tengo de rodearme de seres mágicos.

Páginas matutinas

Esta es una prepuesta que tomé de Julia Cameron, en su libro “El camino del artista”. Consiste en escribir cada mañana, nada más levantarse, tres páginas sobre lo que se te ocurra. No hay un fin estético, no están destinadas a ser leídas, ni siquiera por ti mismo. Solo es una forma de meditación a través de las palabras.

Y es curioso como, después de un tiempo haciéndolas, observas lo que te preocupa, tus quejas, lo que no has resuelto y lo que pulsa cambiar en ti.

Ayuda mucho el hecho de que son escritas cuando nuestro cerebro nada aún en las ondas theta, momento de las grandes inspiraciones, los mensajes desde el inconsciente y las decisiones inesperadas.

Escritura conjunta

Una buena forma de comprometerse es participar en algún grupo de escritura creativa, ya sea de forma online o presencial. Escribir en torno a propuestas y después enviarlas o reunirse y leerlas.

El contacto con los otros siempre despierta y alimenta nuestra propia creatividad.

¿Tú también haces alguna de estas propuestas? ¿O tienes atascada la escritura? ¿O te reconoces en algún otro lenguaje que nunca hubieras imaginado que es puro arte? ¿O acaso creías que no eras un ser creativo?

“Sea lo que sea aquello que pienses que puedes hacer o que creas que puedes hacer, empieza. La acción tiene gracia, magia y poder en sí”. Goethe

 

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