El poder de la ciclicidad femenina

“Una mujer capaz de apreciar plenamente su ciclo y las profundidades a las que la puede llevar desarrolla una sabiduría que es emocionalmente rica e intuitiva. Se vuelve más sensible a sus propios ritmos íntimos y a los ritmos más grandes de la vida. Aprende a conocer su cuerpo y sus hábitos energéticos, así como sus hábitos hormonales. Está obligada a rendirse cada mes, de manera que aprende a aceptar la cualidad de la rendición” Donna Eden y David Feinstein, Medicina energética para mujeres.

ciclicidad femeninaVivimos en un mundo patriarcal en el que predomina la mente racional y la linealidad. Y esto, desde la vivencia de una mujer, es doloroso y frustrante.

Anna Salvia Ribera, en su magnífico libro Viaje el ciclo menstrual, dice lo siguiente:

“Culturalmente hemos creado un ideal de mujer irreal basado en una chica de veinte años en fase ovulatoria al mediodía de un día soleado de primavera”.

Es decir, el universo masculino niega el carácter cíclico de la mujer, de la vida. Tal vez lo niega porque es intenso e incontrolable, algo que asusta a la energía masculina, que es fundamentalmente dura y rígida.

Fases del ciclo menstrual

A lo largo de nuestro ciclo menstrual pasamos por las siguientes fases:

     Dos fases de apertura:

  • Preovulatoria (desde que termina la menstruación hasta la ovulación, días 6 a 12 de un ciclo de 28 días), identificada con la primavera, en la que nos sentimos luminosas, expansivas, comunicativas y sociables.
  • Ovulatoria (días 13 a 16), identificada con el verano, donde nos sentimos abundantes y acogedoras como una madre.

     Dos fases de recogimiento:

  • Premenstrual (día 17 a primero de la menstruación), identificada con el otoño, con energías que empiezan lentamente a decrecer y con una conexión intensa y a veces dramática con nuestra alma.
  • Menstrual (los días que dure la sangre), identificada con el invierno, etapa de absoluto recogimiento e instrospección, de renovación y descanso.

Conectando con nuestro ciclo

Hasta que no fui madre no entendí que el mundo patriarcal obvia los ciclos de la vida. Todo parece obligarnos a ser siempre las mismas, a rendir de igual manera, a producir y funcionar como un reloj. Y somos más bien montaña o río, a veces cima, a veces penumbra. Obligarnos a lo contrario solo nos traerá caos y dolor.

Así es que te propongo lo siguiente, para que la vida fluya, respetada y libre:

  1. Abrirte a sentir lo que sea que estés sintiendo. Aceptarlo. Mirarlo como desde fuera.
  2. Registrar todo lo que sientas o te ocurra. En el libro de Anna Salvia Ribera hay un cuaderno de viaje muy práctico donde puedes ir anotando los cambios físicos que experimentas y los estados emocionales.
  3. Programar tu vida, en la medida de lo posible, en función de tu ciclicidad. No es fácil, sobre todo si estás maternando niños pequeños, pero siempre se puede intentar. Por ejemplo, aprovechar las fases de apertura para realizar actividades que requieran capacidad de concentración y comunicación, pensamiento lógico-analítico, altas dosis de energía o llevar a cabo proyectos pendientes. Las fases de recogimiento serían ideales para elaborar proyectos creativos (que llevaremos a la práctica en las otras fases), y para aquello que requiera nuestra intuición o nuestra expresión artística. Las aprovecharemos también para oírnos, ya que el malestar nos hablará de la necesidad de replantearnos actitudes, relaciones o asuntos que tenemos pendientes de revisar. Y sobre todo concedernos el derecho a descansar, parar el ritmo (o al menos aminorarlo), meditar, conectar con nosotras en silencio.
  4. Si convives con más personas, hacérselo saber. La comunicación fluirá y es posible que desaparezcan muchas discusiones y malentendidos. A veces nos adentramos en un  remolino de confusión y malestar que nos frustra y en el que arrastramos a los que tenemos cerca. Ayuda mucho saber que no es algo definitivo, pero sí que requiere comprensión y acompañamiento.

Sepamos que nuestra cultura no apoya los viajes al abismo, que son poderosos e irracionales. Porque, cuando entramos en contacto con nuestra alma, y lo hacemos muy vívidamente en las fases de recogimiento, un saber intuitivo se despierta, nos hace más lobas y menos sumisas, más amazonas indomables. Así que, ¡vayamos allí sin miedo!, habitemos nuestros cuerpos tan plenamente como podamos, pongamos conciencia sobre él. Anotémoslo todo, descubramos los patrones, las lecciones ocultas detrás de cada discusión, de cada conflicto.

Aprovechemos, como dice Eckhart Tolle en El poder del ahora, la conexión con el dolor que nos brinda la menstruación a las mujeres para, transmutándolo, liberarnos.

Me encantaría que me comentaras si eras consciente de nuestro poder, si usabas el conocimiento de nuestros ciclos a tu favor y si hay algún otro consejo que te gustaría aportar. Te animo a compartir el post si te ha resultado útil o interesante.

En otro post te cuento de manera más amplia recursos que he usado yo para adentrarme en el tema del autoconocimiento de mi cuerpo y mi naturaleza femenina.

¡Un abrazo!

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