Diez ideas para acompañar las rabietas desde la autorregulación

Diez ideas para acompñar las rabietas desde la autorregulación

La etapa entre los 18 meses y los 3 años es una de las más fascinantes para mí. El número y la rapidez de las conquistas que hacen los niños son dignas de asombro. En medio de ellas hay dos situaciones que nos suelen traer de cabeza: las rabietas y el control de esfínteres, aunque hoy solo me referiré a la primera.

Las rabietas son reacciones intensas a una voluntad no atendida (sea o no vital), un intento de hacer valer sus primeras decisiones.

Para poder acompañarlas de manera respetuosa es importante entender dos cosas:

  • Cómo es el desarrollo humano en esta etapa (qué podemos esperar y qué no).
  • Que existe la autorregulación, que Wilhelm Reich definió como la capacidad de todo organismo vivo de equilibrarse.

Cómo es el desarrollo en la etapa de los 18 meses a los 3 años

En esta etapa comienza el fin progresivo de la fusión con la madre, hecho que genera de por sí muchos momentos explosivos de resistencia. El crecimiento físico es más lento pero el desarrollo del sistema nervioso es alucinante. Los niños empiezan a volverse hacia el mundo y a querer explorarlo. Para eso van desarrollándose como individuos separados que cada vez adquieren más autonomía. Se perfila la voluntad y un intenso sentido de la libertad, la rebeldía y la autoafirmación (por eso suelen decir «no» a casi toda propuesta). El desarrollo del habla ayuda en este propósito. Algo similar sucederá en la adolescencia.

Además, en esta etapa disminuye su tolerancia a la frustración, y su capacidad para asimilar órdenes y límites es muy reducida. Aún no interiorizan las reglas ni retienen información por mucho tiempo.

Saber esto es importante para entender que cualquiera de estas manifestaciones forma parte de su proceso evolutivo y que no es de ninguna manera una forma de desafiarnos. O lo que es lo mismo, para bajar nuestras expectativas.

¿Qué hacer y qué no hacer ante una rabieta?

A menudo he leído consejos muy irrespetuosos hacia los niños, que generalmente nacen de una falta de empatía adulta y de expectativas incoherentes con su nivel de desarrollo.

De forma general diría:

  1. Adaptar la casa para facilitar la autonomía que ellos buscan (aunque no lo parezca, así evitaremos muchos conflictos y situaciones peligrosas, además de hacerles sentir más integrados y tenidos en cuenta).
  2. Estar especialmente atentos a momentos de hambre o sueño, que son como ollas a presión para destapar las rabietas.
  3. Conectar con el niño, tocándolo si se deja, mirándolo, poniéndonos a su altura.
  4. No ponernos a la defensiva ni entrar en combate. Estar atentos al ego, al que le encanta el conflicto. Recordar que no nos están desafiando, solo necesitan hacerse valer como parte de su crecimiento sano.
  5. Validar sus emociones, verbalizándolas (Sé que estás enfadado porque querías «x» y ahora no puedes tenerlo/hacerlo). En ese momento, igual que nos pasa a los adultos en ocasiones, los niños están dominados por sus emociones, por la parte más primitiva de su cerebro, y son incapaces de razonar.
  6. Nunca ignorar, porque es inhumano. Aunque haya veces que no quieran nuestro contacto o nos manden irnos, debemos permanecer cerca y disponibles.
  7. Nunca chantajear ni manipular para intentar que la rabieta pase, ya que no es el ejemplo de comportamiento que queremos mostrarles.
  8. Ser firmes sin rigidez, de forma amorosa, y flexibles para evitar enrocarnos en nuestra postura y enconar el conflicto.
  9. Aportar mucha paciencia, comprensión y tranquilidad. Aunque a veces no nos salga, es lo que cualquier persona en esa situación necesita.
  10. Aunque aparezca en último lugar, realmente es lo más importante: cuidarnos mucho, mirarnos adentro, aportar consciencia. ¿Cómo? Observándonos, dedicando tiempo a conocernos, a estar a solas con nosotros y a cargar las pilas cada día para poder responder con empatía y respeto.

Lo más efectivo siempre, sin dudarlo, es trabajarnos nosotros. No intentar cambiar o reprimir las manifestaciones naturales de los niños, sino observarnos en ellas. Sus conflictos activan muchos conflictos regresivos nuestros. ¿No es como una segunda oportunidad para sanarnos?

Espero aportar consciencia y luz en la relación con los niños y con nosotros mismos. Dejo para otro post las consecuencias de no acompañar con respeto su capacidad de autorregulación en momentos así. Y me despido con una frase breve pero contundente de mi querido Wilhelm Reich, al que tanto, sin saber, le debemos, y que pagó con su libertad y su vida el anhelo de una sociedad mejor.

«En lugar de pretender corregir la naturaleza, aprendamos de ella»

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Esta entrada tiene 6 comentarios

  1. Que hermoso. Gracias. Te seguire leyendo. Es muy interesante tu contenido.

    1. Me alegro que te ayude, Desire, y que entre todas consigamos cambiar este mundo loco que se olvidó de los niños. Un abrazo fuerte fuerte.

  2. Me arece interesante ese planteamiento pero uno de mis nietos el de tres años, se pone en situación de pelea y es difícil solucionar su problema.

    1. Te entiendo, Concha. Son situaciones muy tensas porque cuando ellos entran en conflicto pasan dos cosas: 1-están dominados por la parte más irracional de su cerebro, 2- activan la parte irracional nuestra. Absolutamente siempre, el trabajo parte de nosotros. Y no es fácil ni rápido. Exige mucha autoconsciencia y autodominio sobre nuestras propias reacciones. Ellos están aprendiendo y necesitan que les aportemos la calma que no tienen en esos momentos. Con los golpes, no hay otra que frenarlos y, cuando pasa el temporal, abrazar, poner nombre a lo sucedido, y estar muy presente siempre al mensaje que nos puedan estar transmitiendo. Sin olvidarnos de ponernos en primer lugar, de cuidarnos nosotros para poder reaccionar desde la paz y no desde el caos. Un beso fuerte. Aunque sea difícil, merece la pena. Lee el post de esta semana por si te sirve como motivación.

  3. This blog was… how do I say it? Relevant!! Finally I’ve found something which helped me.
    Thanks!

    1. A ti por tus palabras! Un abrazo!

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