Desencuentros en crianza con la pareja. ¿Hay solución?

Desencuentros en crianza con la pareja

En primer lugar, quería darte aliento y decirte: los desencuentros existen, en crianza y en lo demás, y son la oportunidad perfecta para encontrarnos.

¿Por qué existen los desencuentros?

Te diría que por dos razones:

  1. En general, los desencuentros existen porque cada uno de nosotros experimenta una manera particular y única de estar en la vida, de ver el mundo. Pero olvidamos el necesario desapego a esa individualidad.
  2. En crianza, esa singularidad se suma al destape, muchas veces tormentoso, de nuestras sombras, que salen del cansancio, la inexperiencia, la presión, la falta de sueño, la falta de tiempo propio y autocuidado, la falta de sostén, las injerencias ajenas, el contacto con el niño que fuimos y su dolor… ¡Todo un cóctel molotov!

¿Hay solución?

Posiblemente el desencuentro es la solución. Lo necesitamos para vernos más profundamente. Sale para que la luz de la consciencia ilumine nuestra oscuridad. ¿Lo miramos?

  • Puede que hayas sentido culpabilidad por haber escogido la pareja equivocada (¿existe eso?). Seguramente observes la fachada de muchas parejas que parecen nadar en un mar de calma y armonía, casi siempre de la mano, y te hayas preguntado qué narices hiciste tú para fijarte precisamente en la persona que escogiste. Es simple. Realmente nosotros no elegimos. La vida dispone que esa es tu mejor circunstancia para crecer. Por favor, abandónate al descanso de luchar contra eso. Acepta y observa. Además, no todo es predecible, no siempre tenemos el control y la certeza de cómo va a reaccionar una persona ante una experiencia intensa (y la crianza lo es). Así que lo dicho: cero culpa, cero remordimiento por el error pasado y confianza plena en que el error no es tal.
  • Al principio mencioné que cada uno de nosotros somos una expresión diferente de la consciencia. Pero a la vez somos la misma consciencia. “Individuo” viene de “indiviso”. Pero el ego nos juega su juego, que es creer que tú eres tu pasado, tus pensamientos, tus emociones, tus creencias, siempre más adecuadas y mejores que las de los demás. Y el apego a la creencia es de lo más dañino que existe, aunque estés firmemente convencido de que tu manera de criar es pacífica, respetuosa y amorosa. Pero, ¿sabes qué? Que no lo es cuando niega la del otro. No quiero decir con esto que haya que aceptarlo todo, pero sí librarse de la peligrosa superioridad moral.
  • No podemos controlarlo todo. Intentar eso es agotador y sumamente frustrante. Debemos aprender a amar el lugar que el otro ocupa, entender desde dónde actúa y por qué, y olvidarnos de intentar controlarlo o convencerlo de que nuestra postura es mejor. Se trata de un gesto de compasión y respeto. Respeto por el camino evolutivo de cada ser, por no forzarlo ni intentar guiarlo, pues cada cual tiene que seguir su propia evolución, a su ritmo y manera. Es humildad para aceptar eso, para soltar el control y para sumarte a la corriente que te lleva a donde tiene que llevarte.

Ya ves. Separarse, seguir juntos, aceptar, controlar…. Al final tú decides. Y lo haces con el nivel de consciencia que tienes en ese momento. ¿Correcto? ¿Incorrecto? Realmente da igual. Lo que tengas que aprender lo aprenderás de todos modos, con esa experiencia o con otra. Siempre podemos elegir: dolor o espiritualidad. Los dos son senderos igualmente válidos de aprendizaje. Y nos terminan llevando al mismo lugar:

  • La observación de la trampa del ego y su orgullo.
  • La aceptación, contra la lucha.
  • La necesidad de soltar el control y dejarse llevar por el flujo de la corriente en una actitud a la vez activa y confiada.

No lo olvides: ¡TU DIFICULTAD ES TU REGALO!

“Cualquiera que sea la dificultad que se nos presente de improviso, es la acogida mental que le brindamos, la actitud que adoptamos hacia ella, lo que determina completamente el efecto que producirá en nosotros” Emmet Fox, El sermón de la montaña

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