Crianza y minimalismo: una historia de desencuentros

Crianza y minimalismo: una historia de desencuentros

“Mucho tiempo después comprendería que aquella liberación del apego a los objetos y a ciertas creencias era un paso imprescindible en mi desarrollo humano hacia el ser”. Marlo Morgan, Las voces del desierto

Decía Yuval Noah Harari, en su libro Sapiens, de animales a dioses, que la primera religión en la Historia cuyos seguidores hacen realmente lo que se les pide que hagan es la del capitalismo-consumismo. Yo solía ver al sistema como un mostruo que se alimentaba de explotación y desigualdad, una especie de engendro que no paraba de producir sin descanso, a costa de lo que fuese, con el fin supremo de hacer caja.

No es que esa realidad no exista ya para mí, sino que he entrenado la mirada para bucear más adentro. Sobre todo porque no voy a responsabilizar a otros (la sociedad, el capitalismo), de algo que me pertenece solo a mí. ¡Nuestra libertad es inmensa!

¿Por qué nos llenamos de cosas?

Yo tengo la convicción de que las cosas rellenan vacíos. No voy a negar la utilidad de buena parte de lo que consumimos y conforma nuestra realidad pero, a nada que nos paremos a observar, veremos que cada vez hay una mayor propensión a adquirir bienes materiales o a consumir experiencias.

Honestamente, el sistema no se inventa nuestras necesidades, solo las usa a su favor. Los vacíos son nuestros. Las carencias son educacionales y sí, son producto también del sistema patriarcal que las usó en su afán dominador y expansionista (te contaba algo sobre eso aquí), pero hoy, en presente, nos pertenecen.

¿Por qué la industria de la puericultura crece sin fin?

Pareciera que la industria de la puericultura nos invade con una expansión de artilugios interminable: carros y sillas de paseo, hamacas, cambiadores, bañeras, móviles, gimnasios de suelo, cunas, vigilabebés, biberones, chupetes, esterilizadores, corralitos, pañales, andadores, barreras de cama, primeros cubiertos, vajillas especiales, tronas, tronas de viaje, torres de aprendizaje, correpasillos, apps para aprender inglés o emociones, juegos interactivos, juguetes estimulantes, música para bebés….

Está claro que muchos de estos objetos vienen a sustituir a la comunidad que nos falta, pero yo también sostengo que la maternidad despierta sombras que habían permanecido por años sepultadas en nuestro inconsciente, y que nos llevan directas a los vacíos de afecto y comprensión de nuestra niñez, esos que nos construyen y que suelen explicar casi todo lo que nos pasa. Y el puerperio, en nuestras sociedades, está lleno de miedos y soledad. Y puede que, tal vez, poseer todos esos artilugios nos brinde una falsa y efímera sensación de seguridad, de tenerlo todo controlado.

¿Por qué el minimalismo?

No soy nadie para decidir si tus pertenencias son excesivas o pertinentes, pero sí puedo decirte que, si te paras a reconsiderar, tal vez no necesitas tantas cosas. Que la claridad mental requiere espacios serenos y vacíos. Que las distracciones materiales nos alejan del contacto genuino con nuestra alma (¡y vaya cómo asusta eso!). Que la plenitud prefiere la sencillez.

Yo tengo mis propias carencias, como todos, y me lleno de libros y de lo que mis hijas van heredando o adquiriendo y ocupa la casa más de lo que me gustaría. He comprado tres portabebés (una camiseta de porteo, una mochila y un tonga), resignada por no ser una indígena habilidosa que pudiera llevar a mis hijas encima con lo que tuviera a mano. Y valoro la creatividad humana, la capacidad de soñar y materializar ideas u objetos para el bien de los demás. Como veis, no todo es blanco o negro.

Eso sí, he aprendido a no apegarme a las cosas (o al menos en ello estoy), y a dejarlas aparecer por mi vida, usarlas, disfrutarlas, y que sigan su camino en otras manos. Igual que la energía, que si no se deja fluir, termina estancándose.

“Paradójicamente, lo que mantiene en marcha la llamada “sociedad de consumo” es el hecho de que intentar encontrarte a ti mismo a través de las cosas no funciona. La satisfacción del ego dura poco, y tú sigues buscando más, comprando, consumiendo.” Eckhart Tolle, Un nuevo mundo ahora.

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