Consecuencias de no respetar la autorregulación de los niños

consecuencias de no respetar la autorregulación de los niños

“Cada vez que una criatura  extiende su mano para agarrar la vida, algo se interpone: el sólido muro levantado por una sociedad fría, autoritaria y represora. Cada frustración se almacena como una cicatriz y poco a poco, el muro se va interiorizando. No se trata solo de grandes traumas sino de pequeñas frustraciones, de gestos tan aparentemente triviales como apartar la mano de la boca del bebé para que no se chupe el dedo o mandarlo callar cuando llora, aunque sea en tono “cariñoso”, o regañarle cuando se arrastre por el suelo.” Jesús García Blanca

En el post de la semana anterior os dejé ideas para acompañar las rabietas desde el respeto a la autorregulación de los niños y, como había prometido, hoy voy reflexionar sobre las consecuencias nefastas, y difícilmente reversibles, de no hacerlo.

Las consecuencias

Lo primero de todo, hay algo que nunca deberíamos perder de vista en la crianza, y es la PERSPECTIVA. El día a día puede llegar a ser muy duro, sobre todo en esta fase, pero si pensamos en aquello que queremos aportarles a los niños a largo plazo, nos resultará más fácil parar el piloto automático.

Lo segundo, quería transmitir que debemos CONFIAR en los niños y en su capacidad de autorregulación. Su energía debe fluir, y debe hacerlo de forma sana. Su intensidad nos asusta, pero es necesaria para crecer.

He resumido cinco consecuencias de no respetar su autorregulación:

  1. Se sentirán inadecuados y no amados, que algo en ellos no funciona bien, y aprenderán a sentir miedo y humillación por parte de las personas que estaban destinadas a lo contrario.
  2. Mostrarán obediencia como consecuencia de la autorrepresión. Esa agresividad contenida estallará en algún momento (probablemente en la adolescencia), y tendrá un coste físico y emocional.
  3. Aprenderán a manipular, ocultar e imponer su criterio sin empatizar con los demás, precisamente lo que se ha hecho con ellos.
  4. Tendrán comportamientos patológicos de vergüenza y duda, de desconfianza de sí mismos.
  5. Cambiarán la tendencia natural a conocer, respetar y satisfacer sus necesidades, por el deseo de ser “buenos” a ojos nuestros. Esto los desconectará de su alma y dificultará su disfrute de la vida.

La suma de estas continuas frustraciones va produciendo bloqueos en la circulación de la energía, a nivel físico y emocional. Se va formando lo que Reich denominó CORAZA, una especie de muro interno, hecho de la suma de cada pequeña frustración, que impedirá su natural tendencia al placer.

Asumiendo nuestra responsabilidad

A veces asusta la responsabilidad que tenemos como padres, sobre todo cuando somos conscientes de las consecuencias futuras de nuestros actos. Sé que hay una tendencia, enquistada sobre todo en las madres, a sentir culpa y a creer que lo ya hecho es irreversible. Creo que la culpa no sirve para nada positivo. Yo siempre prefiero hablar de responsabilidad.

Conozco a muchas personas que trabajan desde el activismo social y político por un mundo mejor, pero desatienden por completo el ámbito familiar, que no da para ponerse medallas ni para recibir reconocimientos. Sin embargo, y sin menospreciar lo otro, es el lugar, la AUTÉNTICA TRINCHERA. Y no porque tengamos que luchar precisamente contra los niños, sino porque gracias a ellos sale nuestra oscuridad. Sobre ella es que hay que poner la luz. Conocerla, amarla y transformarla. Porque los niños son vulnerables y nos quieren incondicionalmente. Porque dependen de nosotros para sentirse parte del mundo. Porque ven en nuestros actos el ejemplo a seguir.

Soy optimista. Creo que vivimos una época luminosa (aunque los mass media no contribuyan a esta perspectiva). Veo que tenemos herramientas a nuestro alcance para sanarnos. Que los niños que nos acompañan nos sirven de espejo. Que, como decía en el pasado post, activan conflictos regresivos nuestros como un regalo. Que el amor por ellos puede con las tinieblas que nos habitan si no bajamos la guardia de nuestra CONSCIENCIA.

Así que, en los momentos duros, que son muchos e intensos: PERSPECTIVA, CONFIANZA y CONSCIENCIA. Porque de ellas depende que los niños aprendan a conocerse, respetarse y convertirse en adultos sanos, equilibrados, libres, sin corazas. Como dijo Wilhelm Reich:

“El destino de la raza humana lo determinará la estructura de carácter de los Niños del Futuro. Las grandes decisiones descansan en sus manos y corazones. Tendrán que limpiar el caos del siglo veinte. Esto nos concierne a nosotros, los que vivimos en medio de esta confusión.” Extraído de Jesús García Blanca: Wilhelm Reich, inspirador de rebeldía.

Espero, como siempre, aportar luz y contribuir, desde el ejercicio consciente de nuestra enorme responsabilidad, a mejorar este mundo, por momentos tan loco. Puedes dejarme cualquier aportación o idea en los comentarios, y compartir si crees que puede ser útil a ese propósito. Y recuerda: la revolución se hará de madres. y será dulce y silenciosa.

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