Cómo hacer jarabe de saúco para la gripe

cómo hacer jarabe de saúco para la gripe

He vuelto, y traigo una luz que anuncia el otoño y las recolecciones. Y como las bayas del saúco maduran ahora, tengo que compartirte nuestro jarabe de saúco, que llevo años haciendo.

¿Para qué hacer jarabe de saúco?

Te expongo varias razones:

  1. Para ganar autosuficiencia, que eso siempre es interesante.
  2. Para recordar la magia de la naturaleza y lo que nos ofrece.
  3. Porque no tiene efectos secundarios.
  4. Porque está muy rico.
  5. Porque te regalarás un paseo por el bosque, y eso siempre se agradece.
  6. Porque sanarás los resfriados, la gripe y la tos de una manera natural.
  7. Por todos los aprendizajes que van asociados, y que con niños se unen al tiempo juntos y la creación de recuerdos imborrables.
  8. Por poner consciencia al ciclo de la naturaleza y sus ritmos.
  9. Para honrar una sabiduría milenaria y evitar su olvido.
  10. Para aportar nuestra dosis de magia a la curación de los males invernales (siempre cura más el remedio hecho por nosotros, con todo el agradecimiento y el amor que le ponemos).

¿Qué necesitamos para hacer el jarabe de saúco?

  • Bayas de saúco maduras (negras). Hay que tener cuidado en este punto, porque si están rojas tienen cierto grado de toxicidad (sin alarmarse; haría falta comer muchas). Con una taza bastará.
  • Miel.
  • Una ramita de canela (opcional).
  • Dos o tres clavos (opcional).
  • Zumo de limón.
  • Agua.
  • Olla o cazo.
  • Colador o gasa.
  • Recipientes esterilizados para guardarlo (mejor si son de vidrio oscuro).

¿Cómo hacer jarabe de saúco?

El procedimiento es sencillo. Te lo expongo por pasos:

  1. En primer lugar, habría que sacar los frutos maduros y limpios de los ramilletes y ponerlos en un cazo.
  2. En segundo lugar, cubrirlos con agua un poco más del volumen de los frutos y dejarlos cocinar a fuego lento hasta que se consuma parte del agua y los frutos se deshagan un poco. Es importante que se hagan a fuego lento para no alterar demasiado con el calor sus propiedades.
  3. En este momento se puede añadir la canela, el limón y los clavos, que además de especiar el jarabe ayudarán a que se conserve mejor.
  4. Una vez que se ha reducido el agua (más o menos por la mitad), hay que colarlos con un colador metálico de malla fina o una gasa, apretando los frutos para que extraigan todo el líquido. (Yo no tiro la masa de los frutos restantes, sino que la deshidrato para hacer tinte).
  5. A continuación, habría que mezclarle la miel. Si la intención es que su uso exclusivo sea como jarabe, yo pondría el mismo volumen de miel que de frutos. Si lo quieres usar también como sirope, para untar sobre las tostadas, entonces pondría algo menos (aproximadamente un tercio menos que el volumen de frutos). Ten en cuenta que cuanta más miel, más tiempo y mejor se conservará. A mí me gusta mezclarle la miel cuando el líquido está tibio, para que se integre bien pero a la vez no se pierdan las propiedades.
  6. Por último, lo embotamos en tarros de cristal, previamente esterilizados (basta con hervirlos con agua), y colocados del revés una vez llenos para que hagan el vacío.

Y ya está. Una vez frío, lo conservamos en la nevera. A mí me suele aguantar todo el invierno. Lo tomamos con el toque de magia pertinente y, a veces, incluso sin estar enfermos, sobre todo si necesitamos un extra de energía en esos letárgicos días invernales.

Si te preguntas por las dosis, depende. Puedes tomarte una cucharada diaria (una cucharadita si es para los niños) para activar las defensas; y si estás realmente enfermo, con tres o cuatro al día bastarán (para los niños siempre cucharaditas, y nunca en menores de dos años por el riesgo de botulismo al contener miel).

Espero que te haya gustado, que lo pruebes, que me cuentes en comentarios y que encuentres en la naturaleza la magia y el poder que encuentro yo.

¡Volvemos a vernos cada semana! ¡Feliz comienzo de ciclo nuevo!

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