Cómo conseguir una comunicación efectiva y respetuosa con los niños

cómo conseguir una comunicación efectiva y respetuosa con los niños

 

 

 

“Muchas de las dificultades que experimentamos con los demás están más relacionadas con nuestra propia proyección y nuestra interpretación que con su verdadera intención”

Osho, El libro del niño

Comunicarse es a menudo complicado. Cada uno vivimos inmersos en nuestro universo de pensamientos e interpretaciones, que hacen que parezca que hablamos lenguas diferentes, a pesar de hablar la misma.

Con los niños se añade un plus de complejidad porque, por un lado, la infancia tiene su lenguaje propio y, por otro, con los niños sale lo mejor pero también lo peor de nosotros.

Las ideas que te propongo a continuación son invitaciones a trabajar una comunicación más efectiva y respetuosa.

Entender la infancia

Lo primero que recomiendo es la comprensión de la infancia. Cada etapa del crecimiento de los niños tiene sus principios y necesidades: se pasa del apego y la confianza a la autonomía, la iniciativa, el conocimiento, la socialización y el nacimiento de la identidad (este libro de Evania Reichert es muy interesante al respecto).

Si sabemos qué podemos esperar de cada una de ellas, no tendremos falsas expectativas (te enlazo a un post sobre ello aquí), y nos entenderemos mejor.

Además, hay que manejar el conocimiento de las circunstancias particulares o cotidianas (sueño, hambre, nacimiento de un hermano, inicio del cole, discusiones o peleas con compañeros…)

Entendernos nosotros

Es crucial que nos observemos y conozcamos cuál es el motivo real por el que nos enfadamos, por el que decimos que no tantas veces, por el que nos molestan ciertos comportamientos. Nuestros enfados pocas veces tienen que ver con el comportamiento del niño y sí con nuestros pensamientos e interpretaciones de lo que ocurre, basados casi siempre en nuestra propia infancia y creencias limitantes. Sobre este punto te enlazo un post interesante.

Por ello hay que practicar las veces que sea necesario la desvinculación de nuestras emociones respecto al comportamiento del niño. Así, cuando surja un conflicto, intentaremos alejarnos, si podemos, físicamente y, si no, decir para nuestros adentros las palabras hirientes que solemos lanzarles a ellos. Se trata de no herir y de aislar esos pensamientos que nos llevan al enfado y la desconexión. Esos momentos en los que domina el piloto automático están lejos del amor que realmente les tenemos.

Asimilar la igualdad

Si pretendemos tratar a los niños con respeto, tenemos que trabajar la idea de que la infancia no es una categoría inferior ni una mera fase para llegar a ser adultos, como si la adultez fuera el destino y la razón de ser. Tenemos que mirar a los niños de tú a tú, eliminando la adultocracia. Para ello debemos perder el miedo a perder el control (valga la redundancia) y a no poder orientar como nos gustaría, quitándonos la pesada responsabilidad de tener siempre que dirigir. Es cierto que conservamos cierto papel directivo, pero debemos reservarlo para situaciones inevitables (cuando hay prescripciones de salud, o las imposiciones horarias de nuestros trabajos, por ejemplo).

Pensemos que a un igual (un amigo), no lo amenazamos, ni le reñimos ni le obligamos.

Escuchar a los niños

A veces no nos tomamos la molestia de oír lo que los niños tienen que decir. Y ellos tienen sus razones, que no tienen por qué responder a nuestra lógica (y hay tantas lógicas como personas). Algo tan sencillo como ponernos a su altura y mirarlos a los ojos al hablar, ayuda a conectar de una manera mágica.

Acompañar su sentir

Una comunicación efectiva no niega ni reprime las emociones del otro. Aunque a veces nos cueste entenderlas, e incluso suframos al sentirlas, siempre hay que validarlas y respetarlas. Sin juicios. Porque quiénes somos nosotros para decidir si es correcto o incorrecto el sentir del otro. Lo único válido es el acompañamiento.

Tratar como nos gustaría que nos trataran

Esta es una norma básica de la empatía y el respeto, pero que se nos olvida muy a menudo con los niños. Para mí hay tres pilares básicos: no mentir, ser claros y dar razones sinceras.

La persona tratada con este respeto será más receptiva a aplicarlo y la comunicación se beneficiará.

Entender cómo procesamos la información

Según la Programación Neuro Lingüística (PNL), cada persona procesa la información de tres maneras: visualmente, auditivamente y kinestésicamente. Aunque todos tenemos las tres, siempre predomina una. Esto nos lleva, no solo a aprender de diferente manera, sino a comunicarnos de diferente manera. Las personas visuales prestan más atención a los mensajes de este tipo; las auditivas captan mejor el lenguaje hablado y las kinestésicas el corporal.

Observemos a los niños para elegir la mejor manera de llegar a ellos: una mirada amorosa (visual), un “Te quiero” (auditivo) o un abrazo (kinestésico), podría marcar la diferencia.

Autocuidado

Sobre este aspecto te enlazo al post de la semana pasada. Lo dejo para el final porque todos los anteriores carecen de sentido sin él. Poco harán las buenas intenciones, los libros leídos o los talleres hechos, si estamos desbordados,mal humorados o cansados por no habernos atendido primero. Eso lo sabemos muy bien.

 

Espero que estas ideas te inviten a parar, observar y poner consciencia en tus actos comunicativos, con los niños y con los demás. En general, salir de nuestro mundo cerrado de interpretaciones, abrirnos a que hay siete mil millones de maneras de ver y practicar la compasión, nos ayudará a ser mejores personas y mejores padres. Al final, somos sus referentes para moverse en el mundo, y esa es una responsabilidad hermosa.

Si te ha ayudado el post, deja tu comentario y compártelo. Eso nos ayuda a que el mensaje llegue a más gente.

Compártelo!

Deja un comentario