Cómo conseguir que nuestros hijos sean felices

cómo conseguir que nuestros hijos sean felices

«No hay desdicha mayor que esperar la desdicha» Pedro Calderón de la Barca

Creo que si hay un objetivo que todos los padres del mundo compartimos es el de que nuestros hijos sean felices. La felicidad es una aspiración humana universal, que nos acompaña desde que nacimos como especie hace unos dos y medio millones de años. Y aún seguimos.

¿Qué es lo que hace a la felicidad tan escurridiza?

El dinero

Durante mucho tiempo hemos considerado al DINERO como responsable de la felicidad. Hemos buscado trabajos lo suficientemente remunerados como para poder dar a nuestros hijos todos los bienes materiales y experiencias de las que nosotros carecimos, así como una formación exquisita para que ellos mismos pudieran alcanzar ese estatus de vida.

Yo no voy a decir que el dinero no es importante, ya que es evidente que el dinero ayuda, pero todos sabemos que no garantiza la felicidad de nuestros hijos ni de nadie.

El tiempo

Más recientemente se ha empezado a valorar que tal vez los niños no necesiten tantas cosas materiales, sino más bien nuestro TIEMPO en forma de dedicación respetuosa y presencia. Sabemos que la base del adulto futuro está en la infancia, fundamentalmente en los primeros siete años de vida.

Yo no voy a decir que el tiempo no es importante, por supuesto que lo es, pero a veces se convierte también en algo tan escurridizo como la propia felicidad, sobre todo en nuestra sociedad, en la que pretendemos criar en pareja (y a veces solos), como lo hacía antes toda la comunidad (aquí tienes un post sobre ello). ¡Y nos culpamos tanto por ello! (te dejo aquí un post sobre la culpa) Y eso nos aleja inmediatamente de la felicidad.

La comunidad

Otro aspecto vital es el papel de la COMUNIDAD. Somos seres sociales y la soledad es una amenaza biológica a la que reacciona muy bien nuestro querido cerebro reptiliano. Como te comentaba en el post sobre las ventajas de criar sin tribu, el triunfo del estado ha eliminado a la familia y la comunidad como sostenedoras de la crianza y de la vida. Y eso ha traído como contrapartida una gran soledad. Se sabe que los humanos que crecen en sociedades tribales son mucho más felices.

Yo no voy a negar que tener una red de apoyo no sea importante, que claro que lo es, pero sigue sin garantizar la felicidad.

La salud

La Historia del Homo sapiens es una historia de lucha por librarse de la enfermedad y de la muerte. Todos los padres sufrimos cuando nuestros hijos caen enfermos.

Yo no voy a negar que tener salud no sea importante, pero tampoco podemos responsabilizarla de nuestra felicidad, porque entonces seremos siempre desdichados.

En general, queremos evitar el dolor de nuestros hijos, sus frustraciones, sus caídas, sus fracasos. En parte nos remueve tanto el llanto de los niños porque lo consideramos una señal de infelicidad, y nos asusta estar haciéndolo mal como padres.

¿Y si todo fuera más simple?

¿Y si en realidad desubrieras que la felicidad no depende de ninguna condición externa (salud, dinero, tiempo, comunidad)?

¿Y si te deras cuenta de que tampoco depende de nuestra capacidad de revertir las sensaciones internas «desagradables» por otras «agradables»?

No estoy diciendo nada nuevo. Los budistas y otras tradiciones espirituales saben desde hace tiempo que anhelar unas condiciones o unas sensaciones, trae una felicidad siempre pasajera. Podemos obtener esas condiciones o sensaciones que creemos nos harán felices, pero pronto se desvanecerán, y siempre que las obtengamos viviremos con la desazón de perderlas. Y eso nos vuelve insaciables e insatisfechos perpetuos.

La felicidad está, finalmente, en aceptar el carácter pasajero de nuestras emociones y circunstancias, y en aprender a amar la vida en su libre fluir (te lo proponía en este post), sin desear que las cosas sean de otra manera. Porque, como dice el aforsmo zen:

«La nieve cae, cada copo en su lugar adecuado»

Una frase que a mí me encanta recordar cuando me observo apegándome a alguna emoción o circunstancia es:

«También esto pasará«

¿Y sabes quiénes son los verdaderos maestros en el arte de aceptar, fluir y vivir plenamente el instante presente? Los niños, más aún cuanto más pequeños y menos contaminados por nuestras ideas estén.

Así que tal vez se trata de eso, de dejarnos maravillar por su maestría, entorpeciendo lo menos posible su caminar, dejándonos contagiar de su capacidad de ser felices.

Y a ti, ¿te cuesta lo de observar a los niños sin expectativas, salvo las de aprender y dejarse llevar? Házmelo saber en comentarios, que sin duda nutrirán el blog y servirán a otras personas que lo leen.

Te vuelvo a dejar el enlace para que votes el blog si así lo deseas aquí, en la nominación de los premios Madresfera en la categoría de Embarazo y Crianza. Me ayudaría mucho a seguir compartiendo y difundiendo esta forma fluida y sencilla de ver la crianza y la vida.

 

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Geniales reflexiones. No hace mucho que te sigo, pero cada día me gustan más tus posts, gracias!!

    1. Me alegro mucho, Beatriz. Están hechos desde el amor y la gratitud, con la intención de contribuir a un cambio en la manera de mirarnos y de mirar a los niños. Un abrazo.

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