Carta al padre: una invitación a reconstruir la masculinidad

Carta al padre: una invitación a reconstruir la masculinidad

Te miro y te entiendo. A veces te culpo, no tanto a ti en particular como a los preceptos sociales que te respaldan.

Hubo un tiempo en que nos podíamos mirar a los ojos y trabajar codo con codo en la reproducción de la vida. Éramos uno en el asombro.

Después vinieron milenios grises para nosotras. Bajamos un escalón, dejamos de mirarnos de frente. Pero seguimos. Las mujeres hacemos eso muy bien (no nos quedó otra). Nos reinventamos.

Tímidamente y a trompicones queremos volver a ese momento en que la complicidad deshace las jerarquías. Somos expertas en el arte de renacer.

Tal vez sea porque la energía masculina peca de rigidez y dureza, y le cuesta encontrar nuevos caminos. Por eso entiendo que estés perdido. Tu rol social se va resquebrajando y tú ahí, mirando alrededor sin ningún referente nuevo, debatiéndote entre agarrarte a lo viejo o saltar al vacío de lo que no está escrito.

Y sí, es aún más duro cuando, de un día para otro, te conviertes en padre, y vas pisando las arenas movedizas de tu nueva etiqueta. Y ahí está otra vez la disyuntiva: seguir cumpliendo con el papel asignado o inventarlo diferente.

Saltar al vacío da miedo, pero nosotras estamos ahí, cada vez más conectadas con el instinto que nos unió, flexibles como los juncos.

Podrías empezar por acompañar y asegurar nuestro acoplamiento amoroso con los bebés.

Podrías ser soporte material y emocional en esos comienzos difíciles.

Podrías cedernos el protagonismo, a pesar de lo que batalle tu ego, y entender la importancia de trabajar en la retaguardia a veces.

Podrías dar la mano a los niños que se van soltando de nuestros cuerpos.

Podrías atreverte a jugar y cuidar, dejando atrás la vergüenza, el miedo a los juicios, el corsé social que te atrapa solo por haber nacido hombre.

Podrías dar espacio a la ternura y cultivar, a base de caricias, lo sagrado en nuestros cuerpos, luna creciente en cuarto menguante.

Sé que no lo tienes fácil y que la presión del arquetipo viril es fuerte, pero a la vez es hermosa la tarea de reconstruir una nueva masculinidad.

Nosotras ya nos reinventamos, nunca dejamos de hacerlo, pero es incompleto si no nos damos la mano. Vamos juntos en esto. Por ti, por mí, por los niños que nos siguen.

«Dos caminos divergían en el bosque, y yo fui por el menos transitado. Y eso hizo que todo fuese diferente.» Robert Frost

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