Automatismo y crianza: cinco invitaciones para frenarlo

Crianza y automatismo: cinco invitaciones para frenarlo

“A largo plazo, la roca siempre es derrotada por el agua. El anciano siempre es derrotado por el niño. La muerte siempre es derrotada por la vida. Uno debería recordar esto, y siempre ayudar a las cosas más suaves, más jóvenes y frescas. “ Osho, El libro del niño

Somos una máquina evolutiva precisa y perfecta. En nuestros dos millones y medio de años de existencia como especie hemos desarrollado tres cerebros (reptiliano, límbico y neocórtex). El más reciente, el neocórtex, es el que nos permite usar el raciocinio. Pero no siempre nos interesó usarlo, porque hubo momentos en los que necesitamos tomar decisiones rápidas ya que nuestra supervivencia estaba en peligro. Cuando un depredador nos amenazaba, no tenía lugar dirimir si era mejor echar a correr o subirse a un árbol, o calcular el tiempo y la distancia que lo separaban de nosotros para decidir la huida. Si así fuera, estaríamos devorados en los diez primeros segundos de consideraciones.

Por eso está el cerebro reptiliano, para que, en función de patrones grabados y heredados, se tomen decisiones automáticas sin pasar por el tamiz de la razón cuando nos encontramos ante un peligro.

Los peligros reales y los imaginarios

El caso es que nuestro cerebro no distingue si el peligro es real o imaginado. Así que cada vez que nos sintamos amenazados, sea real o no la amenaza, nuestro cerebro reptiliano se va a activar. La supervivencia está en juego.

¿Qué hace que sintamos una amenaza a la vida donde no la hay? Es probable que nuestras experiencias de infancia tengan mucho que ver. Entonces sí que hemos sentido comprometida nuestra existencia. Por ejemplo, en los inicios de nuestra vida, nuestros sentidos son tan puros y estamos en un estado tal de fusión con mamá, que todo lo que ella viva en su vida, su ansiedad, su enojo, su desesperación (aunque no tengan que ver directamente con nosotros), son percibidos como una amenaza real de muerte. Es algo que vamos suavizando a medida que crecemos, que abandonamos el estado fusional y que se desarrolla nuestro cerebro más racional. Pero aún así son años en los que nos sabemos vulnerables y dependientes, y vivimos los castigos, los enfados, los gritos, los golpes, con miedo auténtico a desaparecer.

Y así nos situamos como adultos, anclados en la inseguridad y la desconfianza, y expuestos a un montón de situaciones que nuestro cerebro lee como potencialmente peligrosas para la supervivencia.

Y la crianza nos proporciona muchas.

  1. Por una parte, por resonancia absoluta con nuestra propia crianza.
  2. Por otra, porque los niños pasan etapas en su desarrollo que nos resultan duras y que solemos desconocer.
  3. Por otro lado, por las condiciones en las que criamos, en soledad, con mucho estrés, sobrecarga de responsabilidades, a veces conflictos en pareja, y escasos momentos de tiempo para nosotros.

Y es en estas situaciones en las que da igual lo que hayamos leído, la teoría maravillosa en la que creamos, que se hace casi imposible desprenderse del piloto automático. Nuestro cerebro reptiliano toma el mando porque ante las rabietas, el no continuo, el descontrol, los desafíos…, sentimos que nuestro frágil equilibrio y nuestra paz peligran.

Y entonces sale la grabación inconsciente. Y si nos han gritado, gritamos. Y si nos han humillado, humillamos. Y si nos han castigado, castigamos. Y si nos han pegado, pegamos. En un grado que depende mucho del sentimiento de amenaza que vivamos y del grado de autocontrol que tengamos.

Cómo frenar el piloto automático

Te dejo cinco invitaciones, y la confianza en que si te escuchas y te das lugar a conocerte, la creatividad hará que inventes más:

  • Lo primero e indispensable es tener voluntad para cambiarlo. Si estás harto de que te suceda, si te sientes mal después, si te invade el remordimiento y la frustración por no poder hacerlo mejor, seguro que es así.
  • En segundo lugar, es importante poner consciencia sobre el asunto. Entender que estás funcionando a través del piloto automático, y que por tanto las respuestas que surgen son reactivas. Integrar la idea de que te sientes amenazado, y por eso se desencadena la tormenta. Y a partir de ahí, se abrirá un espacio en el que, al principio serás consciente pero sin poder frenar. Y después, a base de enfocarlo con la luz, las reacciones se irán mitigando y desapareciendo.
  • En tercer lugar, creo necesario conectar con nuestro dolor. Y eso implica girar hacia el niño que fuimos y darle cabida a su sufrimiento. Pueden ser pequeños actos de reconciliación y reconocimiento (te dejo dos post al respecto aquí y aquí), pero también puedes hacer meditaciones, asistir a terapia, escribir, o lo que sea que te sirva en ese sentido.
  • Es interesante incorporar las visualizaciones. Al encarar la mañana, por ejemplo, visualizarte respondiendo y comportándote como te gustaría cuando surgen los conflictos. No se trata de alimentar expectativas falsas, sino de precisar con detalle cómo te gustaría verte resolviendo las situaciones cumbre. Puede llevarte cinco minutos antes de levantarte de la cama. Pero es necesario ponerle motivación y creértelo sin escepticismos. Acuérdate que creer es crear.
  • Por último, toca tirar de creatividad y buscar lo que te sirva para hacer un click. Encontrar algo a lo que acogerte cuando veas que se está destapando la reacción. Y aunque al principio te parezca difícil, verás cómo vas entrenando la capacidad para identificar la llegada de la ola. Te dejo unos ejemplos por si te sirven: una fotografía tuya de cuando eras pequeño, o de tus hijos, una palabra, una frase, una canción, un recuerdo que te conecte a ti y a ellos, un lugar al que acudir (una especie de rincón de la calma pero para los adultos, que somos quienes realmente lo necesitamos), un tiempo fuera (cronometrado si hace falta).

Al final, de lo que se trata es de romper el patrón reactivo y abrir una nueva conexión, una nueva vía neuronal, una nueva mirada, una nueva posibilidad, un nuevo circuito, no ya desde el dolor, sino desde la libertad y el corazón.

¿Te apetece proponer algún tip nuevo en comentarios? Soy toda oídos.

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