Aprender a decir que no

Aprender a decir que no

«Cuando empecé realmente a quererme, me liberé de todo lo que no era sano para mí. Alejé de mí comidas, personas, objetos, situaciones y, sobre todo, aquello que siempre me hundía. Al principio lo llamé egoísmo sano, pero hoy sé que eso es amor propio». Charles Chaplin

Este post no va del abuso del «no» que solemos cometer con los niños, sino de todo lo contrario, de nuestra incapacidad como madres para anteponernos. Ya te hablé en este post de la necesidad del autocuidado y de claves para conseguirlo, pero hoy quería reflexionar sobre una de esas trabas, y es lo que nos cuesta a las mujeres, y sobre todo a las madres (no a los padres), decir que no.

Reeducándonos

Sí, dije a ellas, no a ellos. Y no, no es una cuestión biológica, sino cultural. A las mujeres se nos ha educado, al menos hasta ahora, para estar pendientes de los demás. Servir a otros era nuestra función social (y lo sigue siendo más de lo que nos gustaría). Estábamos destinadas a cuidar y complacer, y nuestros padres, cumpliendo el mandato social, eran mucho más exigentes con nosotras.

Aunque esa realidad nos parezca hoy antigua y lejana, la verdad es que seguimos estando mucho más presionadas y tenemos muchas más obligaciones que los hombres. Y no solo eso, esos patrones de comportamiento siguen aún muy incrustrados en el inconsciente colectivo. Y nadie es ajeno a eso.

Cuando nos convertimos en madres, somos nosotras las que cargamos con la mayor parte de las responsabilidades y la culpa (tienes un post sobre ella aquí), y a veces olvidamos que nuestro destino no es servir a nuestros hijos. Tampoco a las exigencias ideales de la crianza respetuosa (sobre ello escribí este post).

Aprendiendo a decir que no paso a paso

Lo que más cuesta, en casi todo, es dar el primer paso, atreverse. Así que aquí te dejo algunas ideas para que pases a la acción:

  1. Asume que no tienes por qué complacer a todos ni en todo (puede sonar sencillo, pero cuesta más de lo que crees reprogramar esa creencia, así que repítetelo muchas veces al día).
  2. A la primera  a la que debes complacer es a ti misma. Graba esto a fuego. Como decía Chaplin en la cita del inicio del post, no es egoísmo, es amor propio. El que no se ama, no puede dar amor.
  3. A los niños no les pasará nada porque no vayan  un día o una semana al parque, porque no juegues a todo lo que les apetezca o no tengan la fiesta de cumpleaños soñada. Tú también tienes derecho a decir que no a lo que no te gusta.
  4. Tampoco se hundirá el mundo por no bañarlos cada día, por no ir con la ropa impecable o porque coman alimentos procesados de vez en cuando. Puedes y debes decir que no a los mandatos sociales o los preceptos doctrinales de la pedagogía de turno.
  5. Tus hijos se nutrirán de tu ejemplo. Siempre digo que apliquemos en nuestra vida aquellos consejos que les daríamos a los niños ( es una buena manera de saber que son genuinos y vienen del corazón). ¿A que nunca le diríamos a nuestros hijos que los demás importan más que uno mismo?

Sí, definitivamente tenemos derecho a decir que no, a no tener ganas, a estar cansadas, a que no nos apetezca jugar siempre, a que no nos guste cocinar o ir al parque, a no tener la casa de revista, a no ser ese ideal de perfección con el que la sociedad patriarcal nos esculpe.

¿Te has visto alguna vez haciendo cosas que no te gustan solo por agradar a los otros? No debemos olvidar que enseñamos con el ejemplo. Y lo digo, no para que nos sepulte el peso de la responsabilidad, sino para que no nos sintamos egoístas cuando elegimos querernos.

Espero haberte ayudado. Comparte el post si crees que puede serle útil a alguien, y déjame saber en los comentarios cómo llevas tú este tema.

Compártelo!

Deja un comentario